Las llamas devoran la chabola de Vilaxoán en la que malvivía un vecino octogenario

s. luaña vilagarcía / la voz

AROUSA

Salvador D.P., un octogenario de Vilaxoán, perdió ayer de madrugada su casa devorada por las llamas. No era más que una chabola, una infravivienda de planta baja con tan solo una cocina y una habitación, pero era su hogar, el único que tenía.

Fue a las seis de la mañana cuando dos hermanos que vivían en la casa de al lado, en la calle Bouza de Vilaxoán, oyeron un ruido, como si alguien moviese unos hierros. «Debía ser el material que tenía dentro de la casa, porque estaba llena de bidones de gasoil y nasas, pudo haber sido una tragedia». No tardó en colárseles el humo por las ventanas, por lo que ya saltaron de la cama y vieron cómo las llamas devoraban la casa de su vecino Salvador. «Él estaba en la puerta, mirando, hasta que vino una vecina y se lo llevó a su casa».

Enseguida llegaron los bomberos de Vilagarcía, que no pudieron salvar nada de la vivienda. Las llamas arramblaron con todo. Por precaución, se desalojaron las casas colindantes, aunque tanto los hermanos que vivía al lado como un hombre que residía en otra casa contigua estaban ya en la calle, asombrados ante las llamas.

Hacía tiempo que Salvador malamente se las apañaba por sí mismo. Marinero de Vilaxoán jubilado, los vecinos aseguran que bebía y que llevaba años viviendo en aquella casa que no reunía las mínimas condiciones de habitabilidad. «La asociación de vecinos incluso había pedido dinero para arreglársela, pero las obras nunca se hicieron», denuncia uno de sus vecinos. Un hijo suyo se lo llevó luego en su coche. Al parecer, Salvador no sufrió daños graves.

El incendio tuvo lugar justo una semana después de que ardiese un piso en Vilagarcía, un incendio en el que falleció su propietaria. Desde que empezó el año, en tan solo quince días, se registraron cuatro incendios en el municipio. Uno de ellos, en una casa en la que vivían varios rumanos; el segundo, el del edificio del Casino; el tercero se registró esta semana en la cocina de una urbanización de la calle Rosalía de Castro, y el cuarto, ayer en Vilaxoán. Los bomberos saben que en cuanto bajan las temperaturas aumentan los fuegos en viviendas, por las estufas y chimeneas.