El Fontecarmoa Interrías aún lamenta lo sucedido en el Nacional sub-16
14 dic 2011 . Actualizado a las 14:34 h.«La valoración global debe ser buena, pero estamos como si hubiéramos perdido una final». Julio Torrado, al igual que sus cuatro pupilos que el pasado domingo concluyeron una semana de duro trabajo en Benidorm con el sexto lugar en el Campeonato de España por equipos sub-16 de ajedrez, sigue dándole vueltas a esa jornada final, en la que el sobresaliente se pudo haber convertido en una matrícula de honor. «Tuvimos el podio a una jugada pero se nos escapó. Una jugada mejor en la partida de Lucas o en la de Julio nos hubiera puesto segundos o terceros», resume.
Debut de los arousanos
Era la cuarta edición de esta modalidad de campeonato y la primera vez que acudía el Fontecarmoa, que contó con el patrocinio de Viajes Interrías para la ocasión. Una cita que pone a prueba la capacidad ajedrecística y la resistencia física y psíquica de unos jugadores muy jóvenes (Julio Suárez, por ejemplo, tiene trece años) que poco a poco fueron creyendo en que el milagro era posible, hasta terminar por rozarlo.
El día a día era básicamente el mismo. Tras levantarse hacia las 8.00 o las 8.30, a las 9.00 tocaba el desayuno y una hora después ya delante del tablero para afrontar duelos que solían alcanzar las cuatro horas de duración. Julio Torrado, su entrenador, estaba allí viendo las partidas pero sin poder hacer indicaciones de ningún tipo. Los jugadores solamente se podían dirigir a su técnico para consultar la respuesta ante una petición de tablas. Por la tarde, después de comer, había tiempo libre que los arousanos aprovecharon para ir a la playa o hacer un poco de turismo. Después, un par de horitas más de ajedrez para preparar los enfrentamientos del día siguiente, cena, estudios (los chavales se llevaron sus libros y apuntes a Benidorm) y a la cama.
¿Cómo llevan unos chicos tan jóvenes la presión de tener que jugar cada día de forma tan exigente? «Cuando ganas la presión es bonita», contesta Julio Torrado. Apunta el técnico del Fontecarmoa que lo más complicado en estos casos es saber contener la euforia. Y jugar, parece que no les cansa. «Están ansiosos por competir. Si fuera por ellos, el campeonato no se habría terminado. Todavía estarían jugando», afirma refiriéndose a sus discípulos.