Un homenaje al gran capitán del Ramón Cabanillas

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA

AROUSA

El salón de actos del IES cambadés lleva el nombre del que fue su director 20 años

26 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Xavier Álvarez fue llamado a Cambados por una plaza de profesor en el instituto de la localidad. Llegó a la villa del albariño hace ya tanto tiempo que todo el mundo lo cuenta como un vecino más de. Y como uno de los vecinos importantes: entre los años 1989 y 2008 ejerció como director de un centro en el que se formaron muchas generaciones de políticos, empresarios, deportistas... A este hombre, que batalló duramente para conseguir muchas mejoras para el centro educativo, le ha llegado la hora de la jubilación. Ayer, sus viejos compañeros lo convidaron a uno de esos xantares de despedida en los que las emociones suelen estar a flor de piel. Y en este caso, aún más. Porque para Javier había reservada una sorpresa.

A las dos y media de la tarde, cuando el timbre acabó de sonar y las aulas del centro se vaciaron, en el salón de actos se reunió una comitiva que fue empujando a Javier hasta un destino insospechado: una placa. Un testimonio mudo, pero certero, de que el recinto cultural por cuya construcción tanto había luchado se llamará, ahora y siempre, Xavier Álvarez. Varias horas después de descubrir la placa, el profesor de inglés aún no había logrado sacudirse la emoción. «Sabía que os meus compañeiros tiñan grandeza de corazón, pero non podía imaxinar que tanta, tanta, tanta...», decía, sentado aún en una larga sobremesa en el Parador de Cambados, donde tuvo lugar su comida de despedida. Tras el emocionante regalo recibido en el instituto, después de la comida sus compañeros aún lo agasajaron con más presentes, todos guardados bajo un celoso secreto por los encargados de organizar la fiesta. «Regaláronme toda a indumentaria e todo o instrumental de capitán de navío», narraba ayer Javier Álvarez. Y luego, emocionado, hacía un canto a sus compañeros, a su sobrada profesionalidad, a su dedicación al trabajo, a la confianza tejida durante años de convivencia. «Vivir así, tanto tempo, con este xente, é un auténtico motivo de orgullo e de satisfacción para min», recalcaba ayer el director del instituto. Él, por su parte, ha hecho lo que ha podido. «Fas o traballo o mellor que sabes». Esa es la gran lección.