avier Gago gobernó en minoría y no pasó nada. También lo hizo el gobierno local bipartito en los últimos cuatro años, y aunque a trancas y a barrancas, Vilagarcía salió adelante. Quizás por eso y porque quiso evitar las fuertes ataduras de un acuerdo con Rivera Mallo, Tomás Fole decidió gobernar también en minoría. El alcalde debió echar cuentas y pensar que malo sería que no consiguiese pactar con algún grupo los presupuestos y las tasas municipales, que son los dos plenos más delicados del año. Y a cambio podría trabajar a su manera, sin pagar peaje y con la bomba de oxígeno del gobierno amigo en la Xunta de Galicia. Lo que entonces parecía una sabia decisión, se le está volviendo en contra por la nefasta gestión del caso Fexdega. Una moción de censura planea ya sobre la nueva corporación local, a la que no se le respetó si quiera la tregua de los cien días. Quizás Tomás Fole no se percató de que su situación es muy distinta a la que sufrió en su día Javier Gago o a la padecida por el bipartito con Dolores García al frente. No cayó en la cuenta de la soledad del PP, sin socios con los que pactar y con listas independientes nacidas casi siempre -como es el caso de Ivil- de sus desagravios internos, y por lo tanto, nada proclives a facilitar la tarea. El flamante alcalde de Vilagarcía ya le ve las orejas al lobo. Debería ir advirtiéndoselo a su jefe en Madrid, Mariano Rajoy, que anda estos días paseándose por la Ruta da Pedra e da Auga, en Ribadumia.
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