Dicen los expertos que la felicidad depende de la capacidad de cada uno para marcarse retos. Vamos, que si alguien se pone metas demasiado sencillas no se sentirá satisfecho porque en el fondo de su cabeza pensará aquello de «era demasiado fácil». Los que, por contra, se marcan retos imposibles, acabarán frustrados. Así que lo suyo es elegir objetivos en el medio de la escala. Es ahí, dicen, donde se esconde la dificultad.
Viene esta reflexión a cuenta de una amiga que ha decidido ponerse a régimen en el mes de agosto. Ella había echado sus cuentas: es su mes de vacaciones y tendría más tiempo para pensar en una comida saludable. Hace calor, así que el cuerpo le pediría ensaladas y comidas fresquitas. En su magnífico planing no había contado mi amiga con algo tan previsible como la avalancha de fiestas gastronómicas que aguardaban al mes de agosto para inundar Arousa. Realmente, ha escogido (muy mal) el mes para dejar de comer.
Para todos los gustos
Lo bueno que tiene el calendario festivo de la comarca es que hay menús variados. Predominan los productos del mar, y buena cuenta de ello dan las fiestas encadenadas que se han venido celebrando en A Illa. O la fiesta de exaltación del mejillón y del berberecho que ayer se clausuró en Vilanova tras servir un número vertiginoso de raciones. El domingo, el día grande, el cura de Vilanova, Antonio Sineiro, Don Tucho, dio lectura al pregón. Y no solo eso: recibió un homenaje de sus vecinos y parroquianos por el medio siglo que lleva consagrado al sacerdocio. No fue la suya la única insignia de oro concedida el domingo en Vilanova. También se le entregó un reconocimiento a Novacaixagalicia por su colaboración en la compra de Vista Real y a Pazo Baión, en este caso por promover un turismo de calidad.
Dejamos Vilanova y de un salto nos ponemos en Meis, donde ofrecen productos de tierra. En el campo da festa de Mosteiro se celebró ayer una nueva edición de la Festa da carne de potro que coincide, en el tiempo y en el espacio, con la Feira do cabalo. A la hora de la comida, las carpas se llenaron de comensales dispuestos a disfrutar de un plato poco convencional, pero que tiene auténticos devotos. Según la organización, las mil raciones de carne de potro cocinadas se despacharon a buen ritmo.