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uestra clase política discute por defecto. De todo. De lo divino y de lo humano. Rara vez se ponen de acuerdo. Ni cuando lo que están en juego son los intereses del país. Ni tan siquiera cuando tenemos que hacer piña frente a amenazas que vienen de fuera. La política en España aburre porque se limita a la crítica fácil al contrario. Por lo que sea. Aunque tenga razón. Pero en algo no discuten nunca nuestros políticos. A la hora de cobrar, hay consenso. Total. Sin fisuras. Lo vimos cuando los diputados en el Congreso se subieron el sueldo. Y lo mismo pasa ahora en la Diputación de Pontevedra. Se juntan, y en 35 minutos de nada PP, PSOE y BNG aprueban sin más que cada vez que se reúnan en el pleno provincial nos cuesten más de 10.000 euros. Sí, han oído bien. En todo el mandato saldrá la cosa a más o menos 1,1 millones de euros. Y eso que, dicen, se han puesto en modo ahorro por la crisis. Dicen que actúan con austeridad. Creo que deberían revisar el significado de esta palabra en el diccionario. Como diría aquel, a nuestros políticos se les ve el plumero. Luego se extrañan de que los percibamos como uno de los mayores problemas del Estado. Es que es así. Son un problema. No todos, pero sí muchos. Y, lo peor, es que son un problema muy caro.