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ay sentencias que marcan. Y no me refiero a las del juez, sino a esas genialidades que de vez en cuando se le ocurren a la gente. O que, aunque no sean de su cosecha, las usan tanto que las hacen suyas. Al menos para mí. Mi abuela y mi madre son dos de esas personas llenas de frases geniales pronunciadas en momentos idóneos. A la primera la recordaré por su extremo manejo de los dichos populares tipo «lo barato es caro» o «no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia». La segunda, más creativa ella, es de las que se inventa genialidades como «el invierno es muy largo» para animarte a salir de casa en verano y a no quedarte leyendo en el salón. También tengo grabado a fuego su «si vas a por el sobresaliente, aprobarás, si vas a por el aprobado, suspenderás». Es lista mi madre. Mi padre es más callado. Einsteniano él, porque su frase preferida es que «todo es relativo». Yo soy de los que guarda siempre en la memoria buena esas sentencias. Algunas graciosas. Otras muy pedagógicas. Esas me han enseñado que si nos caemos es para volver a levantarnos, que todo lo malo tiene algo bueno, que las cosas pasan porque tenían que pasar y que la vida es corta como para perder el tiempo intentando ser feliz cuando simplemente puedes serlo.