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imitir antes de que le destituyesen. Eso es lo que ha hecho Javier Puertas. El ya ex presidente de la Autoridad Portuaria de Vilagarcía llegó de la mano del presidente provincial del PP, Rafael Louzán, para usar el Puerto como el necesario trampolín hasta la alcaldía de Vilagarcía. Pero se encontró con dos crudas realidades. La primera es que ni Tomás Fole estaba dispuesto a cederle su puesto ni el PP de Vilagarcía le respaldó como él quería. Cuando se estrelló perdiendo el congreso local contra Fole también chocó contra otra realidad. La de la política. Los que le azuzaron y animaron a que le hiciese la cama a Fole soltaron amarras y le dejaron navegar solo. A la deriva. Y su barco no tardó en irse a pique. Razones hay muchas. Su gusto por lo superfluo. Su nulo conocimiento del mundo portuario. Lo último fue nombrar a un jefe de gabinete y saltarse a la torera el mantra del PP de Feijoo: la austeridad. Y tampoco ayudó que nombrara como directora del Puerto a una persona que no cumplía los requisitos porque no era ingeniera de caminos. Esa decisión enfrentó a Puertas definitivamente con el mundo portuario. Dimite buscando salvar su honra. Pero nadie se cree que sea por motivos personales. Por algo la Xunta ha tardado 0,2 segundos en nombrar sustituta.