Revenidas

AROUSA

V

ilaxoán fue el primer lugar en el que viví cuando me instalé en Vilagarcía. Hace muchos años. Ya casi veinte. Viví en una casa con la pared cubierta de conchas que hay cerca del pazo de Sobrán. Casi en el cruce de los semáforos. La primera fiesta a la que fui fue en la cofradía de pescadores. Fue en un Rosario. En Vilaxoán me acogieron como a uno más. Hay mucha gente querida allí. Vivos y muertos. Vilaxoán engancha. Sorprende. Por su alegría. Por sus historias de mar y días duros. Por la fortaleza de sus hombres y mujeres. Por su afición por cantar en todas partes. En cualquier acontecimiento. Por lo bien que cantan. Por su capacidad para trabajar en equipo. Y para hacerlo de un modo voluntario. Como ocurre con las Revenidas. Un festival que sería seguramente imposible en cualquier otro lugar del mundo. Pero no en Vilaxoán. No porque muchos trabajan sin ver un duro. Por amor al arte. Solo por la satisfacción de que la fiesta del pueblo siga celebrándose. Porque tantos y tantos buenos artistas sepan dónde está Vilaxoán y qué clase de gente vive allí. Yo ya lo sé. Desde hace tiempo. Y me siento un poco parte de ellos. Uno más. Otro que conoce el secreto de las revenidas. La historia de un pueblo ligado a las sardinas. A los marineros que las pescaban. A las peixeiras que las vendían. Sardinas que en Vilaxoán las llaman revenidas. Si quiere saber por qué vaya hoy y mañana al festival musical y sardiñada y pregúntele a cualquier lugareño. Le contará una historia preciosa. Y seguro que también cantará.