ay mentes insondables. Personas con las que resulta imposible saber por qué hacen lo que hacen. Por qué dicen lo que dicen. Por qué callan lo que callan. Lo que esperas que digan. Hay quienes son previsiblemente imprevisibles. Con quienes es imposible saber qué, cómo, cuándo, dónde y por qué harán lo que no esperas que hagan. Con quienes la única certeza es que te sorprenderán. Hay personas que deberían entregarlas con un manual. No de instrucciones. De interpretación. Uno que te traduzca cada una de sus sonrisas. Cada silencio. Cada brillo en los ojos. Uno que interprete hasta cada pestañeo. Porque estoy convencido de que en cada una de esas acciones, por insignificantes que parezcan, está encriptado el indescifrable código que permite conocer a los que ni tan siquiera se conocen a sí mismos. O si lo hacen, se ocultan a los demás. El alcalde de Vilanova, Gonzalo Durán, es uno de esos seres insondables. Uno que vino sin manual. Por lo que es imposible de interpretar. Será difícil saber por qué quiso humillar a su propio hermano, José Juan, relegándolo al noveno puesto de la lista del PP en las municipales. Por qué quería quitarle todas sus atribuciones en el grupo de gobierno. Por qué se olvidó de lo mucho que ha trabajado José Juan hasta que su hermano perdió el puesto de diputado provincial. Y cuando eso pasó, quién sabe por qué se ha puesto a la cabeza de los que defienden -eso dicen- a José Juan. De los que reclaman «un cargo» para él. Así. El que descifre el código, que avise.