Diputación

Xurxo Melchor S

AROUSA

olo podía quedar uno, como en Los Inmortales. Y al final, como en la peli, acabaron rodando cabezas. Esta vez la de José Juan Durán, que tras ocho años en la Diputación de Pontevedra pierde su condición de diputado provincial en favor de Jorge Domínguez, el alcalde de Meaño. Son curiosos los codazos y tortas que hay por estar en la Diputación. En el PP de O Salnés había cuatro pretendientes. Además de Domínguez y Durán, Tomás Fole, de Vilagarcía, y José Luis Pérez, de Meis. La apuesta del presidente provincial, Rafael Louzán, por Domínguez ha dejado a Vilanova fría como el hielo. Acostumbrada al calorcito de las subvenciones a gogó. La verdad es que no es una sorpresa que unos y otros quieran ser diputados provinciales. Hay buen dinerito y pocos marrones. El PP premia a sus ganadores y el PSOE refugia a sus perdedores, como el grovense José Antonio Cacabelos. Pero el debate está equivocado. No deberíamos hablar de quién sí y quién no va a la Diputación, sino de cómo y cuándo echar al cierre a una institución cara y poco útil. Sirvió en el siglo XIX, cuando se creó, pero no hoy en día. Estos chicos del 15-M deberían empezar a pensar en qué quieren ser de mayores. En cómo quieren cambiar el mundo. Yo en mi lista, además de las listas abiertas, las segundas vueltas para decidir alcaldes y presidentes, y las circunscripciones únicas, pondría la desaparición de las diputaciones. Porque tenemos un Estado que necesita menguar. No hacerlo será su fin. Y el nuestro.