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isgustado y enfadado. Así se declara el que ya no será más alcalde de O Grove, José Antonio Cacabelos (PSOE). Ha dicho que está contrariado por el acuerdo al que ha llegado Ayda Filgueira con el PP para que Miguel Pérez gobierne en O Corgo. Y yo creo que debería estar enfadado consigo mismo. Por sus nulas mañas políticas. Llegó a la alcaldía con el apoyo del BNG, de Esquerda Unida y del galeguista Fredi Bea. Antes de acabar el mandato, EU salió del gobierno local. Harta y contrariada por la imposibilidad de gobernar con Cacabelos. Por su despotismo, su escasa gestión y su exceso de protagonismo. En la campaña electoral, contrarió tanto al BNG y a Fredi Bea que tras las elecciones los nacionalistas anunciaron que ya no gobernarían más con él y Bea pactó con el PP para gobernar con ellos. Unos y otros tenían motivos. Cacabelos vendía el trabajo ajeno como si fuese suyo, los ninguneaba e incluso metió al Bloque la puñalada por la espalda de anunciar la compra de O Marino. Y tras el 22-M, Cacabelos contaba con los votos para la investidura de BNG y EU, pero no con el de Fredi y necesitaba a Ayda Filgueira (AMeca), a la que contrarió hace cuatro años. Tanto, que ella abandonó el PSOE y montó su propio grupo. Pero ahora la necesitaba. Y le tiró los tejos. Pero no le salió la jugada. Porque Cacabelos tiene el don de contrariar a todo el mundo. Y se ha quedado solo. Compuesto y sin novia. Sin novias. Nadie quería gobernar con él. Debería preguntarse por qué. Igual así dejaba de estar contrariado.