Quedan nueve días para las elecciones. La tensión va creciendo. Menos de lo esperado, porque todos los partidos están un poco parados, pero el horno se calienta. Hasta que lleguemos a la hora tensa. La dichosa jornada de reflexión. El momento en el que ya no habrá más cera que la que arde. En el que todo el pescado estará vendido. Cuando toque apretar los dientes y prepararse para todo. Porque es fácil pensar en la victoria. Pero si yo estuviese metido en ese jaleo de la política me estaría preparando para lo contrario. Para la derrota. Para el fracaso. Para saber qué voy a hacer si el 22-M me estrello contra el muro de la realidad. En Vilagarcía, Modesto Pose (PSOE) hará eso si no logra ser alcalde. Tomás Fole (PP) si no consigue al menos una mayoría que le permita pactar con Rivera Mallo un gobierno de coalición. BNG y EU-IU tienen menos definidas sus fronteras del fracaso. Sobre todo los nacionalistas, que están haciendo una campaña muy prudente. Y hasta podría pasar que todos fracasaran a la vez.