De súbito, María Cedrón pegó un respingo. La ovación la sacó del estado de concentración en el que estaba ante el ordenador. Levantó la vista del teclado y puso cara de extrañeza. Cedrón, compañera de La Voz, forma parte de la caravana de periodistas que están cubriendo el día a día en la campaña de Pachi Vázquez. Está ya, pues, relativamente acostumbrada a esos aplausos de los mítines que suelen llegar tras la puya al rival de turno o al acabar el candidato su chiste habitual (todo buen hacedor de discursos sabe que un chiste es fundamental para ir rompiendo el hielo. El de Pachi, su hijo y el helado estuvo bien). Pero el clamor aquel fue distinto. Llegó tras anunciar José Antonio Cacabelos, el cabeza de lista a la alcaldía de O Grove, el acuerdo de compra con los propietarios del cine O Marino. Fue una conmoción en la fuerza, pero en la fuerza del tripartito. Ya dijo alguien que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma. Y todo ese caudal que se juntó en la casa de cultura se fue dispersando por la península meca, pero aquellos aplausos se transformaron en estos calambrazos. Chispazos de indignación entre los ¿compañeros? de un todavía alcalde que se vieron sacudidos por la boutade de Cacabelos, quien ya había traspasado la línea poco antes atribuyéndose méritos de otros. El apagón puede ser definitivo, aunque bien es verdad que en política un buen enchufe puede arreglar cualquier cosa. O eso dicen.