Opinar

Xurxo Melchor L

AROUSA

as opiniones son como los traseros. Cada uno tiene el suyo. Las suyas. Y todas merecen respeto siempre y cuando se difundan y defiendan con la palabra y no con la violencia. Aquí respetamos poco la opinión ajena. La consideramos buena si dice lo que queremos oír y mala si dice lo que no nos gusta escuchar. Así, un tipo que opina como nosotros es intrínsecamente bueno. Libre. Valiente. Y todo lo contrario si alguien nos lleva la contraria. Aunque lo haga de un modo educado, argumentado y claro. La reacción habitual no es intentar exponer ideas para defender nuestra tesis, sino buscar la difamación y el desprestigio de quien emite la opinión que nos molesta. Los que opinamos a diario y sin tapujos, con nombre y apellido, sufrimos estas actitudes a diario. Nos dicen de todo menos bonito. Pero lo hacen los mismos que un día nos ensalzaron. El día en que nuestra opinión coincidió con la suya. La democracia es mucho más que ir a votar. Que poder hacerlo. Es respetar. Es estar dispuesto a hablar. Es admitir el error. Es reconocer que todo el mundo tiene derecho a decir lo que piensa. Es facilitar que eso sea así. En La Voz lo hacemos, abriendo nuestras páginas a todas las opiniones vengan de quien vengan si se emiten con respeto a las personas y a la ley. Una vez un político muy conocido cuyo nombre ahora no viene a cuento me dijo que cuando alguien le llevaba la contraria él siempre escuchaba con atención. Por si tenía la razón. Eso es la democracia. Creer que el contrario puede estar en lo cierto.