o me gustan los números. Fui de letras puras. Con su latín y con su griego antiguo. Las cifras son como la peor de las mentiras. Esas que van escondidas dentro de una verdad. Normalmente, una aséptica. Un dato. Una cifra. Dice el subdelegado del Gobierno en la provincia de Pontevedra, Delfín Fernández, que los vilagarcianos deben estar más tranquilos que el portero del Rayo. Que los últimos robos, asaltos y atracos no son como para alarmarse. Que no hacen falta más policías. Y se justifica con una cifra desnuda. Con que en los últimos diez años los delitos bajaron un 40% en la ciudad. Evidentemente, el dato es verdad. Pero es también la cáscara de una mentira. Porque lo que no es verdad es que podemos estar todos tan tranquilos. En el último mes se han producido cinco robos en comercios de la comarca a punta de pistola. Cuatro en Vilagarcía y uno en Pontecesures. Yo no estaría tranquilo si fuese el dueño o el trabajador de un establecimiento comercial. Y ellos tampoco lo están. Tiene miedo. Y tienen razones para tenerlo. Esa es la verdad. Lo del 40% es una verdad, sí. Pero es mentira que el que en la última década hayan bajado los delitos en Vilagarcía debe dejarnos tranquilos. No si en el último mes se han disparado los robos con pistola. Estamos hablando de palabras mayores. La obligación de los que mandan es resolver el asunto. Y para lograrlo no es bueno presuponer que no hacen falta más medios o más eficacia. Y también más coordinación. Negar el problema no contribuirá a solucionarlo. Lo agravará.

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