Pensiones

AROUSA

e gustan los dichos y refranes. Mi madre hizo que me gustaran. Confieso que me gusta casi todo lo que le gusta a mi madre. Porque, sobre todo, me gusta mucho mi madre. Mi padre también, no vaya a molestarse. Pero es que mi madre es una enciclopedia de dichos y refranes. Se los sabe todos. Siempre tiene uno perfecto para la ocasión. A los diputados en el Congreso que no quieren tocar ni uno solo de sus privilegios ella les diría «predicad con el ejemplo». Porque no queda nada bien cobrar pensionazos solo por estar allí sentados un mínimo de siete añitos cuando los demás vamos a tener que trabajar 41 años seguidos para poder dejar de currar a los 65. Ya no nos piden que nos apretemos el cinturón. Quieren que nos lo quitemos, lo vendamos, les demos a ellos la pasta y nos amarremos los pantalones con una soga. Con la que pretenden ahogarnos. En España, algunos políticos, sobre todos los que menos hacen como los diputados y senadores, son igual que aquellos curas y monjes de antaño. Aquellos que hacían voto de pobreza y engordaban a base de comilonas servidas en vajillas de plata. Y que, como nuestros congresistas, cuando les reprochaban su comportamiento, respondían algo así como «haz lo que yo digo y no lo que yo hago». El colmo es que Aznar y González puedan cobrar sueldazos de dos empresas eléctricas y su pensión de ex presidentes a la vez. Si un jubilado trabaja, deja de cobrar la pensión. ¿Por qué ellos no? ¿Son diferentes? Mi madre diría que quien parte y reparte se lleva la mejor parte.

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