Comedores

AROUSA

Vivimos en el segundo país del mundo que más kilómetros tiene de tren de alta velocidad. Donde todas menos dos de las capitales de provincia están conectadas a una gran red de autovías y autopistas por la que se viaja mejor que por las carreteras de media Europa. Vivimos en un país al que se le llena la boca diciendo que es la octava potencia del mundo. Y la décima economía del planeta. Pero también vivimos en un país en el que cada año estamos peor en educación. En el que cada vez nuestros jóvenes pinchan más en gramática, historia, matemáticas o geografía. Y en el que hacemos colegios nuevos con comedores pequeños. En los que no caben todos los niños que quieren comer en el colegio. Y comer es una parte también importante de la educación. Vivimos en un país en el que nos pulimos lo que no tenemos en una ciudad de la cultura o en rehabilitar una casa, como la del Doctor Carús, aunque después no sepamos bien qué hacer ni con una cosa ni con la otra. Y mientras, un día sí y otro también, aquí, allá y acullá hay padres quejándose de que sus hijos no pueden ir al comedor escolar porque no tienen plaza. La última trifulca está en el centro A Lomba, de Vilagarcía, que aún huele a limpio de nuevo que es. ¿Quién planifica este desastre? Aliviado estará.