Conocí a Ong Pen en Bangkok. Conversamos un buen rato. Me gusta hablar de todo un poco con la gente que me encuentro allá donde quiera que vaya. Es la única manera de conocer un poco mejor la realidad en la que viven esas personas, que no son un escenario, no son el atrezo de nuestras vacaciones, sino gente real, de carne y hueso, que padece y tiene problemas. Ong Pen no sabía muy bien dónde quedaba España en el mapa. Pero conocía que estamos en algún punto de Europa y eso nos coloca la etiqueta de primer mundo. Ese tan envidiado en el resto del planeta. Me preguntó muchas cosas. Una de ellas, que cuántos días de vacaciones tenemos aquí. Le expliqué que un mes, unos 18 días festivos al año y que muchos trabajadores tienen todos los fines de semana libres. Le pareció increíble. Ong Pen solo tiene un día libre a la semana y nunca disfruta de vacaciones. Normalmente, hasta trabaja en su día libre porque necesita el dinero. Lo nuestro le pareció más ciencia ficción que el resultado de cien años de lucha obrera. De una lucha justa. Esos mercados que no sabemos ni dónde están, que no producen ni venden más que humo, esos que en estos días terribles deciden nuestro devenir, esos quieren que todos seamos Ong Pen. Evitarlo exigirá más lucha.