Lucha de gigantes

AROUSA

El momento en el que me di cuenta de que, más allá de respirar, vivía, sonaba «Lucha de gigantes», la absolutamente redonda y maravillosa canción de Antonio Vega. Después entró «El sitio de mi recreo» y esos dos temas se quedaron para siempre flotando en el aire, alrededor de mí. Desde entonces, suenan y suenan y no me canso de escucharlos. No dejan de emocionarme, como casi todo lo que escribió el gran Antonio. No pasa ni un solo día en el que no recuerde aquel instante sublime en el que oí el clic que me indicó que todo encajaba de repente. La vida es dura y es habitual que lo que encaja se desencaje después y todo vuelva a estar patas arriba. Pero nada puede hacer ya que lo que fue perfecto deje de serlo. Y, a veces, la fuerza de esa perfección es capaz de perdurar. Se hace eterna. Y su magia vuelve como una gran ola de espuma blanca y salada que devuelve todo a aquel estado de perfección en el que sonó «Lucha de gigantes». Admito que vivo esperando esa ola que me trajo la música y la letra del que es para mí uno de los mayores poetas contemporáneos. Porque la poesía no son versos encerrados en libros polvorientos. La auténtica poesía habita en todas partes. Es el mapa que te permite viajar a la playa donde rompen las olas mágicas.