La verdadera vuelta al cole fue ayer y no el viernes. Al menos para mi hija Helena, que este año empieza la aventura de Primaria en el colegio Arealonga de Vilagarcía. Ayer estaba nerviosilla. Cuando sonó mi despertador a las ocho de la mañana, ella ya me esperaba despierta en su cama y me recibió al grito de «colegio, colegio» con una sonrisa en su boca que creo que veré el resto de mi vida cada vez que cierre los ojos. Como también se me ha quedado grabado para siempre su caminar entusiasta desde la puerta del colegio hasta su nueva aula y su cara iluminada al decirme adiós. El colegio es probablemente lo más importante que le pasa a una persona en su vida. Es al menos tan importante como la familia, creo yo. Buena parte del futuro de esos niños y niñas dependerá de lo que les enseñen sus profesores. Desde Primaria hasta la universidad. Para ser justos, también depende de ellos mismos. De lo que sean capaces de aprender. Y en eso influye mucho su propia personalidad y sus capacidades, pero también la educación que reciban en casa. Los valores en los que crezcan. A veces, cuando pienso en todos los factores que determinan el futuro de mi hija, me entran sudores fríos. La vida es dura, pero también muy hermosa. Mucho.