«El canto es una vida furibunda y eso no se enseña en el conservatorio»

María Santalla VILAGARCÍA/LA VOZ.

AROUSA

Acaba de llegar de Tel Aviv y en octubre viajará a Nueva York para actuar en el prestigioso Lincoln Center, pero siempre que puede regresa a su Vilagarcía natal

07 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Es la única de la familia que nació en Vilagarcía y el trabajo de sus padres la llevó de acá para allá durante sus primeros años. Pero la ciudad arousana y su entorno siempre fueron para ella un punto de referencia -el lugar «de la vacación, de la playa, As Sinas, A Illa, la Compostela»-. Y a una Vilagarcía que ve «preciosa» regresa cada vez que puede.

Empezó su relación con la música estudiando violín y solfeo, pero sus genes la encaminaron hacia el canto. «El hermano de mi madre, José Manuel, era un excelente tenor. Mi abuela también cantaba bien», dice. Y su tía, Ana Padín, es bien conocida en Vilagarcía por su labor en el Coro Liceo, una formación que Laura Alonso no se olvida de alabar: «Es un grupo de gente a la que le gusta la música y que hace un gran trabajo». Así que con nueve añitos entró en un coro y... hasta ahora. Estudió en Madrid y después en Alemania, donde vive desde hace dieciocho años. Laura es un ejemplo más de que «es difícil ser profeta en la propia tierra». «A los 23 años canté Fidelio en Essen. Fue mi primera ópera y ahí empezó todo», recuerda.

Apoyo a los artistas locales

Esa marcha obligada para conseguir hacerse camino la ha marcado, y por ello reivindica ante quien quiera escucharla el trabajo de los artistas locales. «En Galicia, y en España en general, al artista nacional le cuesta que le contraten. La cultura está fijada en los grandes nombres de fuera y así es muy difícil entrar. Para mí es incomprensible que los políticos, cuando tienen que hacer un concierto, recurran siempre a un extranjero», critica.

Aunque su sangre es gallega, su formación es alemana, en un sistema que defiende por encima de todo. Allí, los teatros tienen su plantilla de trabajadores, desde tramoyistas hasta cantantes, y cada persona recibe un salario, muy moderado. «Todos los días hay una función de ópera y los teatros solo descansan seis semanas en verano», expone Laura Alonso, para quien esta es una fórmula «más cuidadosa con el capital humano y más económica». El público, además, responde, y «abarrota la sala todos los días».

La forma de hacer cultura que prima en España no le convence, porque «es un gasto y no una inversión». Cree que algo parecido a lo que existe más allá de los Pirineos tendría que ser posible aquí y, aunque desconoce lo que pretenden hacer en la Cidade da Cultura que se construye en Santiago, en su opinión «hacer conciertos de una forma esporádica es un desperdicio». Cree que hay que invertir más en formación y, al mismo tiempo, cambiar la concepción de la gestión cultural. En Galicia hay «casi 4.000 personas en las instituciones viviendo de la gestión cultural» y, a su juicio, «deberían plantearse lo que van a traer». Es un mundo, además, que ha cambiado mucho y que requiere estar muy al día de lo que ocurre fuera.

Mientras los complejos nos llevan a recurrir a lo foráneo, en Galicia, a entender de esta joven soprano, «hay orquestas jóvenes que suenan muy bien y lo que necesitan son conciertos, como la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia».

Pero aunque es bastante crítica con la forma en la que se hacen las cosas aquí, no deja de reconocer el trabajo bien hecho. Y como ejemplo de ello destaca la tarea de Alfonso Galbán al frente de la escuela de música de Vilagarcía: «Creo que hace una gran labor. Eso es hacer cultura».

Para esta joven soprano que se abre ya camino en los escenarios internacionales, apostar por la formación es algo esencial, y entendida, además, en un sentido amplio. «El canto es una vida furibunda y eso no se enseña en el conservatorio. Tienes que ensayar muchas horas, a veces a horas muy tempranas, tienes que controlar lo que comes, llevar los ensayos preparados, porque si fallas llaman a otro. También tienes que tener dominio de idiomas», enumera. Algunos de esos conocimientos podrán llegar a los cantantes arousanos si sale adelante, que seguro que sí, otra de sus grandes ilusiones: ofrecer un curso en Vilagarcía junto al pianista Pablo Galdo.