15 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Toda separación duele y deja heridas que queman. Escuecen. Arden. Incluso cuando después la vida y sus saltos te devuelven al mismo camino y a recorrerlo con la persona a la que un día viste marchar. Para que el corte profundo cicatrice bien y no se infecte es necesario ser transigente, comprensivo, nada rencoroso, generoso y tener la capacidad no solo de perdonar, sino también de olvidar. Es difícil. Mucho. El orgullo herido es la gangrena del alma. Es el pus que mata la verdad. Es el cáncer que destruye la virtud. Pero en la vida es más feliz el que más ama y el amor verdadero solo lo es si hay perdón sincero. Si hay ojos limpios y espíritu puro. En el PP de Vilagarcía han vivido la peor de las guerras, que es la civil. La que más y más profundas heridas inflige. Tomás Fole ha vencido a Javier Puertas. Bueno, en realidad a quien ha batido es al presidente provincial de los populares, Rafael Louzán. Y eso tiene más mérito. Ha sido casi como David contra Goliat. Pero la victoria exige mucha generosidad con los vencidos. Su deber es tomar nota. Saber que si el 57% de los afiliados le apoyó el 43% no lo hizo. Y son muchos. Fole debe tomar nota. Si lo hace, las heridas de la guerra podrán sanar y estará un escalón más cerca del verdadero objetivo: el sillón de Ravella.