Después de una semana plagada de tensa confusión, con críticas sorprendentes y desabridas hacia la secretaria provincial del PP, Begoña Estévez, y la vicesecretaria del PPdeG y presidenta del comité organizador del congreso de Vilagarcía, Marta Rodríguez Arias, el equipo de Javier Puertas necesitaba con urgencia un elemento que le permitiese recuperar su identidad y afrontar los últimos días de campaña agrupado en torno a un mensaje de nuevo coherente. La fórmula la encontró el candidato el viernes por la noche, en la plaza de A Peixería, con la presentación pública de su proyecto y de los colaboradores con quienes cuenta para sacarlo adelante.
El acto, meditado hasta sus últimos detalles, consistió, básicamente, en la puesta en escena de un mitin electoral puro y duro, empleando para ello los medios habituales en este tipo de convocatorias. La tarima orientada hacia el exterior del recinto, las cortinas que acotaban los espacios laterales vacíos, la megafonía en su sitio y potencia, el escenario dotado de atril, telón de fondo y cartelería, las sillas perfectamente ubicadas para ocupar la superficie disponible y arropar al orador, incluso la sintonía electoral del PP, que sonó para recibir a cada uno de los miembros de la candidatura y lanzar, junto al resto de las piezas del atrezo, un mensaje al militante: no os equivoquéis, el partido somos nosotros.
Con ello, Puertas recuperó el discurso con el que había saltado a la pugna por la presidencia local de la formación conservadora y que por momentos parecía haber perdido para extraviarse en una suerte de papel contracorriente en franca contradicción con la línea que él mismo reclamó para sí al inicio del proceso: coordinación con la estructura provincial del partido, de acuerdo con una jerarquía y una lógica claramente establecidas en el PP, al margen de aventuras y querencias emancipadoras que no tendrían lugar en una organización como la de la gaviota. En definitiva, esa ortodoxia de la que las peliagudas denuncias de su equipo le habían alejado.
Tiempo habrá de analizar el efecto, positivo o negativo, de iniciativas como la oficina electoral propia o la concepción del congreso como un proceso independiente de las elecciones municipales del próximo año, tesis que Javier Puertas ha defendido durante la práctica totalidad de la campaña. Lo importante ahora es que, finalmente, el candidato reconoce abiertamente que su proyecto apunta, como el de Tomás Fole, a la cabeza de cartel y, en último término, a la alcaldía. Un cambio de tercio que despeja dudas y aclara un terreno de juego común para que los militantes conservadores tomen su decisión con todos los elementos de juicio sobre la mesa.
La cita funciónó, por último, como un espaldarazo anímico importante después de la recogida de firmas favorable a Fole. El efecto llamada atrajo a más de trescientas personas a la plaza fetiche, donde los populares vilagarcianos acostumbran a desarrollar sus actos electorales. Varias de ellas asistieron a los discursos desde el exterior de A Peixería, confiriendo a la presentación una imagen de concurrencia masiva. Las espadas, en definitiva, están afiladas y en todo lo alto cuando la cuenta atrás ya ha comenzado.