Si algo ha hecho bien y mejor que sus predecesores la actual alcaldesa de Vilagarcía, Dolores García (PSOE), ha sido imponer criterios de austeridad y control del gasto en el Concello. Y aún antes de que llegara la dichosa crisis económica. No en vano, lo primero que hizo fue rebajarse el sueldo que cobraba el anterior regidor, su compañero de partido Javier Gago. Y eso es de agradecer en un político. Porque estamos más bien acostumbrados a lo contrario. Al saqueo. Y ahora que toca apretarse el cinturón por decreto, García tampoco ha dudado en aplicar la austeridad para buscar el equilibrio de las delicadísimas cuentas de Ravella. Se ha vuelto a bajar el sueldo. Ella y todos los concejales liberados que hay en el gobierno, tanto los del PSOE como los del BNG. Y también ha metido mano al despilfarro en los gastos corrientes. Como en el sangrante asunto de los teléfonos móviles corporativos. No comprendo que haya funcionarios que se mosqueen porque se les limite el gasto a 50 euros al mes en llamadas y dos en mensajes. Es más que suficiente. Porque esos móviles son para trabajar. Para llamar a la madre, la mujer o la novia y para mandarle mensajitos de «te quiero» a la querida ya están los teléfonos particulares. Los que no pagamos entre todos.