Va a subir la marea, y se lo va a llevar todo. Así empieza una canción de Extremoduro y así me siento últimamente. Como esperando el desastre. Nunca he sido un dechado de optimismo, para que nos vamos a engañar. Pero de un tiempo a esta parte siento como si el día se hubiese hecho noche. Parece que el cielo se va a desplomar sobre nuestras cabezas, como temían los galos de Astérix y Obélix. Todo está mal y solo tiene pinta de empeorar. La gente no tiene trabajo. Los empresarios no tienen dinero y cierran sus negocios. Los que tienen empleo temen perderlo. Los políticos son de risa. Todos. Los que gobiernan porque no saben sujetar el timón de la nave que se nos va contra las rocas. Directa al naufragio. Los de la oposición porque son incapaces de mostrarnos otro rumbo. En lo único que son firmes es en defender a sus compañeros corruptos. Podridos. No veo solución. Quizás es que no la haya. Y eso es lo que parece. Que todo lo que hagamos será solo aplicar cuidados paliativos para un enfermo que ya es terminal, que no tiene cura. Que está condenado. Un enfermo que somos nosotros. El mundo que hemos creado. Somos el Imperio Romano que se vuelve a desmoronar. Y se avecina la oscuridad del medievo. Casi es mejor que la marea se lo lleve todo.