La carpintería también está afectada por la crisis y el nuevo centro de menores sigue en el aire
AROUSA
Evitar el cierre de la lavandería es ahora mismo el problema más grave y más urgente al que se enfrenta la fundación Lar, pero no el único. Otros vienen de atrás y son de muy difícil arreglo, pero esa es la batalla diaria en la que están sumidos los responsables de la entidad desde que Lar abrió sus puertas, porque son muchos los que prefieren mirar hacia otro lado antes de enfrentarse a la problemática de la salud mental.
El centro gestiona también una carpintería. Es en realidad un taller ocupacional en el que se forman diez jóvenes. Aunque tienen pedidos, tanto de empresas como de particulares, su apertura hace tres años coincidió también con el inicio de la crisis económica, por lo que incluso se tuvieron que enfrentar al cierre de empresas que eran clientes suyos.
Lar tiene también un centro de menores que hace un año salió en un informe del Defensor del Pueblo en el que se destacaba el mal estado de las instalaciones. Es algo que la dirección llevaba años denunciando, pero hasta la fecha nunca arrancaron de la administración el compromiso de construir un nuevo edificio. «Ahora mismo lo único que dicen es que no hay dinero», confiesa Amelia Varela. El futuro de los diez niños internos, tutelados por la Xunta, dependen del centro de Chavea, porque no tienen otro hogar.
A mayores, la fundación Lar regenta también dos pisos protegidos en los que residen personas que están a tratamiento en el centro pero que llevan una vida más o menos independiente.
En total, la fundación Lar atiende desde su sede en el pazo de A Laxe a 120 usuarios que están a tratamiento, además de dar apoyo también a sus familias.