Está claro que no nadamos en la ambulancia, que diría el gran Manquiña. La gran caja de caudales tiene más telarañas que cuartos. Y se nota. No solo por la rebaja de sueldo a los funcionarios y el tijeretazo a la política social. No solo porque nos suban los impuestos y todo valga más y más. No solo por los casi cinco millones de parados. Por todo eso y porque a las administraciones cada vez les cuesta más gastar hasta en lo más importante, como la sanidad. Vilagarcía y su comarca cuentan con una ambulancia del 061 cuando, por ratio de emergencias atendidas y población, debería contar con al menos dos. Para más delito, el Concello no apoya que Protección Civil siga contando con su ambulancia. Los que hacen los números en los despachos a menudo hacen la cuenta de la lechera. La que solo cuadra si Saturno se alinea con Plutón. La cruda y amarga realidad es otra. La de ayer. Un accidente, dos heridas. Una muy grave y la otra menos. Una tiene ambulancia y la otra tiene que esperar más de una hora a que vengan a buscarla para llevarla al hospital. Es muy grave. No hablamos de listas de espera, de médicos y enfermeras. Hablamos de una emergencia. De una necesidad imperiosa. Y no había ambulancia para las dos. Me da vergüenza. Y mucho miedo.