Cada año, cuando la primavera llega como una tregua tras la guerra del invierno, cuando el sol aparece en el cielo azul e infinito, cuando te tienes que quitar la chaqueta y caminas por las calles con el sol en tu cara y la mirada al frente, cuando eso pasa, en mi cabeza suena la gran canción de los Beatles «Here comes the sun». En castellano sería algo así como aquí llega el sol. Eso me pasó ayer. De repente, el sol se encendió y a cada paso repetía las estrofas de la canción. Y pensaba, sí, ha sido un largo, frío y solitario invierno. Tanto, que sí, que parece que han pasado años desde la última vez que el sol estuvo en nuestras vidas. Y me dije, sí, todo está bien. Porque, sí, las sonrisas han vuelto a las caras y, sí, siento cómo que el hielo se está derritiendo lentamente. Aquí llega el sol. Y todo está bien. Ha sido un invierno gris, frío y triste. Toda una prueba de supervivencia. El invierno es un enemigo duro y temible. Sin duda librará alguna que otra batalla más antes de rendirse para siempre. Pero por fin ha llegado el sol. Y siento que los días de playa, sol y arena están más cerca. Que podré volver a disfrutar del mar y de los amigos con los que buceo. Aquí está el sol. Y tal y cómo han sido los días este año, es una noticia que se merece un enorme titular a cinco columnas.