06 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Dicen los Deluxe en su canción Gigante que hay que tener cuidado «para no ver más el Sol, a través de este cristal, ni pensar que antes todo era perfecto». Me gusta mucho esta frase. Porque soy de los que busca la perfección en cada paso que doy y de verdad que esa ambición me ha traído muchos problemas. Las cosas a veces no son perfectas. Muchas veces. Casi siempre. De asumirlo depende ser feliz. Además, ¿qué diantres es en realidad la perfección? Cómo todo en la vida, depende. Es relativo. No hay una única perfección, pero tampoco es fácil encontrar lo que es perfecto para uno. Porque la perfección es cómo un pez recién pescado. Nerviosa y escurridiza. Esta Semana Santa no he resuelto mi eterno dilema sobre la perfección. Seguro que no he concluido mi viaje y que volveré a entrar en el túnel del que ahora creo haber salido. Pero estos días de Pascua he descubierto que la perfección está en un plato de pasta con boloñesa si tú has preparado la salsa en casa. En un pastel de chocolate si lo han hecho para ti. En una charla en la calle con un inmigrante senegalés al que le compras unas pulseras. En un pequeño viaje a Portugal, por mucho que diluvie. He descubierto que lo perfecto es saber que aún hay gente que te ama. Y no saber por qué.