El sol reinó en la primera jornada primaveral del año. San Benito salió a las calles para ser el centro de todas las miradas y miles de devotos acudieron a ver pasar la imagen y a rendirle la merecida pleitesía. Ocurrió también en Meis y en Meaño y la pasión de los fieles fue exactamente la misma. Como marca la tradición, el santo tuvo encargos para aliviar las afecciones cutáneas. Los exvotos no faltaron a su cita y las ofrendas dieron paso a otra de las grandes costumbres, la de las poxas. Un ternero fue la estrella de este año en Cambados, que por lo numeroso del seguimiento popular y lo ancestral de la cita, asegura su continuidad sine die. Hubo también actuación de los danzantes de Cobas y una vez más, la Asociación Volandeira puso el arte, la música y los cabezudos. Fuera del programa de festejos organizados, la jornada dominical sirvió además para que se respetase la costumbre de comer callos. No deja de ser un homenaje a la cultura gastronómica asociada y a los estómagos en uno de los días más importantes de todo el año en cuanto a fervor religioso se refiere.
En Pontecesures, durante el fin de semana, también hubo festejos y ofrendas. Fueron en honor a San Lázaro, en la iglesia San Xulián. La procesión congregó a numerosos fieles, muchos de ellos procedentes de otros municipios llegados incluso en autocares organizados, que no se perdieron la ocasión acompañar a la imagen y de cumplir con la tradición de comer rosquillas, churros y otros productos de estas fechas. Por la mañana hubo misas, estando la de una, cantada por la coral A Barcarola. Por la tarde, se desarrolló el tradicional viacrucis.