Un repaso por la historia de esta actividad, en libro


Coincidiendo con la celebración de las jornadas técnicas, el departamento de Cultura va a editar un pequeño libro sobre la historia de las collareiras de A Toxa. El trabajo lo firman la profesora Patricia Arias y el concejal Antón Mascato y alude a numerosos documentos que explican los orígenes de una actividad «milenaria», de la que hay testimonios arqueológicos que datan de hace 85.000 años.

En el caso de O Grove no se puede retrotraer uno tan atrás. «Resulta difícil saber cando e como comezaron a fabricarse estas humildes xoias, pero parece claro que o oficio desenvolveuse, e consolidouse, coa chegada e o incremento do turismo. Moito máis complexo é dilucidar cando existe no Grove a tradición de fabricar estes colares, brincos, broches, pulseiras... ou se foi unha actividade importada dalgún outro sitio», explican los autores del trabajo.

Referencias en la prensa

El primer documento que alude a la venta de collares en A Toxa data de 1920. Ortiz Novo firma una pequeña columna en el Faro de Vigo relatando su viaje por la ría de Arousa en la que habla de como «unas humildes hijas de pescadores» se acercan descalzas a ofrecer el género a los elegantes turistas que por aquellos años ya frecuentaban el Gran Hotel.

Ese mismo verano estuvo en A Toxa el escritor Wenceslao Fernández Flórez, que publicó sus impresiones en ABC : «Centenares de personas que en la bajamar hormiguean sobre los bancos de arena buscan caracolillas y conchas para hacer collares, y almejas para hacer guisos». El fotógrafo vigués Jaime Pacheco publicaba en abril de 1927 una fotografía de las collareiras en la revista Vida Gallega , dirigida por el grovense-vigués Jaime Solá Mestre.

En 1931 es en ABC , bajo la firma de Gil de Escalante, donde aparece una nueva referencia a las collareiras, que retrata como «animalitos salvajes, mujeres indígenas y adolescentes». «Nos metían por los ojos, más que nos ofrecían, esos decorativos y típicos collares», relata. Cincuenta años después, en 1981, era el cantante Julio Iglesias el que aparecía en un periódico posando con una «castiza vendedora de collares», según reza en el pie de foto.

«Por algunha razón que se nos escapa, a imaxe da muller con traxe tradicional galego é utilizado como símbolo, como marca, asociado ás campañas de reclamo publicitario (...) Os viaxeiros e xornalistas da primeira metade do século XX inciden na mesma imaxe: mulleres humildes. Non reparan en conceptos como emprendedoras, decididas ou traballadoras», apuntan Arias y Mascato.

De O Grove a A Ramallosa

El trabajo que se publicará en mayo también hace referencia a los orígenes de la industria de las conchas. Ya en 1914 hay noticia de que existe una fábrica en O Grove, regentada por la viuda de Botana, que adquirió cierta fama porque allí se hizo la cuna de conchas que le regalaron a la reina Isabel II con motivo del nacimiento de Alfonso XII. La fábrica funcionó hasta 1936.

En O Grove aprendió el oficio José Dadín Novas, que en los años 40 se convertiría en el maestro del taller de elaboración de adornos de conchas que se montó en Sabarís (Baiona) y que dio lugar después a Nacamar, situada en A Ramallosa. Los productos de esta firma se distribuyeron por todo el Mediterráneo y la materia prima provenía, también, de O Grove. Una parte de las piezas y documentos relacionados con la actividad de Nacamar se podrán ver en el Cipes, gracias a la cesión realizada por los hermanos Lorenzo-Fernández,

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