Simplificar

AROUSA

Entre los policías que se dedican a la investigación criminal existe una máxima que dice que, normalmente, la explicación más sencilla es la buena. A veces nos complicamos de más. Le damos vueltas a todo. Arriba, abajo, al centro y «pa» dentro, para luego regurgitar el asunto y seguir mareándolo. En la vida, hay que simplificar. Porque la versión enredada de las cosas es seguramente la que menos se acerca a la realidad y la que más te aleja de la felicidad. Admito que yo soy un tipo complicadito. De los que aún no ha aprendido a simplificar. De los que busca y rebusca en su interior mil y una explicaciones para todo aquello que no comprende. Soy como la serie CSI. Puritita ficción. Porque en la vida real, en la de los detectives con nombres y apellidos, la explicación más sencilla suele ser la verdad. Y no como en CSI, que lo enredan todo en un vano intento por hacer el guión más entretenido. La vida no es un guión. Y, aunque a veces parezca el sueño de una mosca machacada por el sol, es real. La vida es simple. Todo lo simple es puro, impactante y poderoso. El amor, el odio, la amistad, la alegría, la tristeza. Para estos sentimientos, que componen el 80% de nuestra vida, no hay enredos que valgan. Lo que ves es lo que hay. Simple como la Verdad, así, con mayúscula.