No es lo mismo vivir que estar vivo. Yo soy de los que cree que solo se vive cuando más que respirar, uno siente que respira. Cuando más que palpitar, uno nota que el corazón le late dentro. Cuando uno se para en una calle en medio de la noche y siente que el futuro le ilusiona, que hay algo más allá de la última esquina. Cuando uno nota como la noche se desvanece y la negra oscuridad trae la luz más blanca y luminosa. La vida es solo vida cuando uno, más que tener, siente que puede compartir lo que tiene. Ayer tuve una comida entre gente de la que te reconcilia con el mundo. Mi amigo José Luis nos invitó a comer a su casa de András. Menú a base de delicatessens bajo la batuta de dos chefs de lo mejor que hay en Galicia, Antonio Botana y Yayo Daporta; buen vino, mejor compañía y un habano con oporto para cerrar la velada. La conversación giró en torno a que no es más rico el que más tiene, sino el que lo puede compartir con más gente y con personas que de verdad aprecien tu compañía. Para mí, esta ha sido siempre la filosofía del buen vivir. Esa forma de ver las cosas está siempre delante de nuestras narices, pero hay veces que no podemos verla porque tenemos los ojos cubiertos de telarañas. Vivir es quitárselas y sonreír otra vez.