El prolongado abandono del edificio acabó convirtiendo sus quince habitaciones, sus cocinas y su amplia terraza acristalada en refugio de gentes carentes de un techo bajo el que guarecerse. Lo malo es que este tipo de inquilinos no suelen caracterizarse, precisamente, por el cuidado de los espacios que pueblan. Así que, poco a poco, el balneario de A Compostela se fue llenando de basura, al tiempo que sus vidrieras, paredes y equipamiento eran objeto de un maltrato evidente.
El Concello atajó esta situación en marzo pasado, cuando el gobierno local decidió tomar cartas en el asunto aunque el conflicto sobre la concesión no se había solucionado. Una brigada municipal se encargó de limpiar las dependencias, tapiar los huecos por los que sus ocasionales habitantes accedían a su interior y reforzar con paneles la cristalera exterior, para garantizar la seguridad en el entorno. En principio, los fondos del plan E correspondientes a Vilagarcía incluían 150.000 euros para iniciar su rehabilitación. Pero Ravella desistió de realizar la inversión hasta que su uso volviese a ser municipal.