La polémica de los informes sobre inmigrantes desvela que en Ravella determinados técnicos dirigen sus propios reinos de taifas
15 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Para nada es un mal exclusivo de Vilagarcía. Al contrario, sucede lo mismo en multitud de concellos. Pero, a diferencia de otros casos, el gobierno de la capital arousana ha decidido meter mano en el asunto. De ahí que el gallinero esté tan revuelto como el estómago de un pastelero después de cinco tartas, con impugnaciones, paseíllos y contenciosos por parte de la primera central sindical de la institución, la UGT, que paradójicamente comparte tesis, objetivos y militantes con el principal socio de la coalición gobernante: el Partido Socialista.
Cualquiera que frecuente el Concello se habrá encontrado en alguna ocasión con un papelillo amarillo en el lugar en el que teóricamente debería atenderle un operario. «Vuelvo en cinco minutos», acostumbra a rezar la misiva que guarda la ausencia del funcionario en cuestión. Si el desorientado usuario pregunta a uno de los compañeros del técnico, la respuesta que obtendrá puede no ser muy diferente de la que sigue: «No sé, tiene que esperar porque todo eso está de su mano».
Viene todo esto a cuento de la polémica desatada esta semana en Ravella a raíz del envío de informes negativos sobre inmigrantes a la Policía Nacional. Más allá de otras consideraciones, que las hay, y de muy distinto pelaje, esta práctica supone una muestra más de un estado de cosas muy extendido en el seno del Ayuntamiento. Consiste el asunto en el desmedido poder que durante largos años se ha concedido a determinados técnicos, que pasan a operar como verdaderos señores feudales al frente de sus respectivas parcelas de gestión.
En semejantes circunstancias, cualquier intento por modificar el estatus quo imperante generará una fuerte contestación entre el estamento funcionarial más favorecido por tan peculiar tradición. Esto, en el fondo, es lo que explica el desabrido desafío que dispensa la UGT al concejal de Persoal, José Membrives, prácticamente desde el inicio del presente mandato. Más exactamente, desde que el edil se dispuso a ejercer como tal. Cabe recordar, sin ir más lejos, el fenomeal y sonrojante lío que se organizó ante una decisión tan lógica como la de ajustar el horario de apertura y atención de los departamentos municipales a lo que indica la ley. Y es que los operarios de Ravella eran, salvo contadas excepciones, los que menos horas trabajaban de toda la comarca.
El sindicato, en definitiva, ha puesto en marcha todos los mecanismos a su disposición para defender, con uñas y dientes, el esquema en el que tan bien se ha movido y que tan buenos resultados le ha dado a lo largo de los años. El resto es marear la perdiz. Lo que aquí se da es una lucha de poder. Así de claro.