Fue la popular comparsa cambadesa, Unha Grande Chea, la primera que denunció el mal estado en el que se encontraba la tumba de Cabanillas. Lo hizo después de que varios de sus integrantes realizaran una visita a Santiago para recorrer el panteón de Gallegos Ilustres, hace ahora tres años. Una vez allí, comprobaron que la tumba del poeta cambadés era de las más pobres, pues se limitaba a una lápida en el suelo en la que estaba inscrito su nombre. Denunciaron también que no figuraba, por ningún lado, el epitafio que el autor había elegido.
Pero nadie pareció escuchar su queja, pues desde entonces nada se ha hecho por tratar de mejorar el lugar en el que descansa el famoso poeta cambadés. Habrá que ver si la Consellería de Cultura está ahora dispuesta a acometer mejoras.