A pesar de que Vilagarcía es un sitio relativamente tranquilo, y que los dos protagonistas de esta historia -a los que casi les une más la hostelería que el baloncesto- se ven bastante a menudo, ha tardado prácticamente tres meses en llegar el gran día. Las agendas de los mandamases (el de la Bodega Os Arcos y el del vestuario del Extrugasa) no daban coincido. Hasta ayer. Por fin, Isidro Fariña y Tito Díaz se pusieron de acuerdo y hasta la lluvia respetó el tan esperado momento: la visita de las jugadoras del conjunto vilagarciano a uno de los templos gastronómicos de la localidad.
Llegaron las jugadoras del Extrugasa y agotaron el cupo de «paxaradas» en Os Arcos. Para los neófitos en el lenguaje arcosino , las «paxaradas» son todo ese surtido de bebidas que, envasadas en latas, serían de lo último que bebería el propietario del local. Y ayer, las chicas del Extrugasa prácticamente acabaron con las existencias de la Coca Cola Light. Hasta el entrenador del conjunto vilagarciano bebió Coca Cola Light. Y por primera vez en su vida, según confesó Díaz. Afortunadamente, Cote Blanco eludió las órdenes de equipo.
Todo el mundo sabe que el secreto del jamón, al margen de su calidad, está en el corte. Fue Arancha Mallou la que se ofreció a preparar un plato para sus compañeras de equipo, pero la santiaguesa se quedó en el Corte de UCLA, porque el del jamón lo suspendió. A pesar de las explicaciones de Isidro, Arancha no demostró demasiada maña con el cuchillo. Más que lonchas finas de jamón, lo que Mallou estaba sacando eran bistés. Y de un grosor considerable, así que el bodeguero no tardó en arrebatarle amablemente el cuchillo y en ganarle totalmente la posición delante de la pieza.
Isidro, por cierto, quedó sorprendido por el poco apetito que demostraron las jugadoras del Extrugasa, Pocas veces un «fondo perdido» fue tan liviano. Las malas lenguas decían que en las previsiones que manejaba Tito Díaz aparecían los nombres de las que fueron tres ausencias notables a la hora de sentarse a la mesa y que, por distintos motivos, no pudieron acudir a la cita. Además, alguna de la que sí fue es vegetariana, con lo que el ratio de jamón, chorizo ibérico y demás aumentaba considerablemente.
Lógicamente, y aunque con las paxaradas en las copas en lugar del vino obligatorio, se procedió al tradicional brindis. No hubo discursos -ahí se notó la ausencia del presi Andrés Quintá -, pero sí deseos unánimes de que los éxitos del equipo continúen. Sí hubo, sin embargo, un brindis al sol de Tito Díaz: «La próxima vez que vengamos, pago yo». Aunque bien es verdad que ayer estaba nublado y que, a veces, las palabras se las lleva el viento. Salvo cuando quedan escritas, bien es verdad.