La vinculación de Víctor Otero con el mundillo de Protección Civil trasciende el ámbito de O Grove y viene de hace años. Sus hijos siguen ahora sus pasos
13 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Víctor Otero Prol empezó a interesarse por las emergencias con apenas 18 años. En 1979 se apuntó a la red de radioaficionados de comunicación de emergencias y en 1993 se puso al frente de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil de O Grove.
Poco podía pensar él entonces que sus hijos iban a acabar participando en un operativo, a su mando, y contagiándose de ese afán de estar allí donde alguien necesita ayuda. No obstante, en un principio eran reacios. «Ningún dos dous quería ir porque me vían a min liado, a todas horas co teléfono, e xa estaban un pouco saturados de Protección Civil. Propúxenlles ir un día á semana e Víctor aceptou. Despois do primeiro día, ao seguinte xa quería volver», recuerda su padre.
Vocación temprana
Ambos hijos fueron madrugadores a la hora de entrar en este mundillo. Víctor lo hizo a los catorce años y Ana, a los quince. Este verano participaron activamente en los servicios de control de las playas de O Grove, desde tierra y por mar. Los dos tienen el permiso (PER) para patronear la embarcación de la unidad marítima -Ana lo obtuvo el año pasado- de modo que este verano estuvieron muchas horas al timón, vigilando la costa y atentos ante cualquier incidencia entre los bañistas.
De todos modos, Víctor es «polivalente»; tan pronto puede dirigir la lancha, como realizar labores de socorrista acuático y hasta «casi de médico», explica su padre. Y es que este joven afronta este año su último curso de la carrera de Medicina en Santiago y su vocación de doctor algo tiene que ver con su condición de voluntario de Protección Civil: «Penso que si. Cando escolles unha carreira sempre vas ao que máis coñeces. Quizás me influenciou porque a min sempre me gustou o de primeiros auxilios», señala a este respecto.
Ana todavía no tiene claro por dónde va a dirigir su futuro profesional. De momento estudia ESO en el instituto Monte da Vila y continúa su formación en Protección Civil con cursos y haciendo guardias con el Grumir.
Una «escuela» para la vida
Víctor Otero Prol está satisfecho de que su prole haya decidido seguir sus pasos porque opina que haber estado en la agrupación les servirá para enfrentarse mejor a la vida. «As agrupacións deben ser unha escola de cidadáns. Nelas apréndese solidariedade, compañerismo, espíritu de sacrificio e ata primeiros auxilios. É como a vida mesma. Este é un colectivo tan heteroxéneo, no Grove somos 50 persoas, que te atopas con moita xente e moitas situacións. O noso primeiro mandato é protexer a vida dos demais e salvar unha vida, iso, marca moito».
Quien lo dice sabe bastante del tema. En quince años, Víctor Otero ha visto casi de todo. Las mejores situaciones para recordar son las que tuvieron final feliz, como la de aquella niña de doce años, asmática, que fue dada por muerta en el jardín de su casa y que reanimó Protección Civil. O aquel chico que cayó al mar y pudieron rescatar con la lancha.
Los malos tragos aún son difíciles de digerir, como la muerte de un compañero o el rescate de cadáveres entre los amasijos de un coche.
Con todo, las nuevas generaciones no se echan atrás y siguen la senda de los pioneros. Y la familia Otero no es el único ejemplo en Protección Civil de O Grove. Tucho Fraga es otro de los que podrían contar muchas vivencias y el primero de otra saga familiar ligada al voluntariado, que prosiguen ahora sus hijos Sele y Nati.