Hace diez años, los dos clubes de baloncesto de Vilagarcía intentaron unirse para crecer en lo deportivo y en lo social pero la entente apenas duró una temporada
16 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Hace tan solo unas semanas, Celestino Brianes volvía a lanzar el mensaje en las páginas de La Voz: «Lo mejor para el baloncesto de Vilagarcía sería que el BBC y el Liceo se unieran», afirmaba con la rotundidad que desprende todo un veterano de guerra del deporte vilagarciano. Él, que ha vivido tantas batallas, recuerda aquello como una oportunidad perdida y los hechos parecen darle la razón. Diez años después, el BBC no tiene equipo sénior y el Liceo sobrevive en la competición Autonómica; ambos en pleno proceso de reconstrucción y relamiéndose las heridas que ha dejado una década con más sombras que luces.
Todo comenzó en mayo de 1999. Fue entonces cuando empezaron las primeras reuniones entre directivos de ambas entidades. El primer compromiso fue diseñar un convenio de colaboración que abarcaría a toda la estructura baloncestística, desde los equipos de base hasta los de la categoría absoluta. Dos puntos de aquella primera reunión ya advertían que las reservas de ambos eran amplias: por un lado, se descartaba por completo la fusión y por el otro se fijaba una duración inicial de un año al cabo del cual se analizaría lo sucedido. Bastante antes de que se cumplieran esos doce meses, las discrepancias saltaron a la luz y revelaron que la entente era imposible.
Los principios, sin embargo, fueron buenos. El 28 de mayo de 1999, el Liceo y el BBC formalizaban su convenio de colaboración. Surgía un nuevo club: el Liceo-BBC. Su junta directiva, llena de nombres ilustres: Manuel Vázquez (presidente), José Manuel Pérez Vallejo (vicepresidente), José Luis Renda (secretario), Simón Sabariz (tesorero) y Fernando Pérez y Emilio Caeiro, como vocales. Había una comisión técnica formada por Tito Díaz, Manuel Vilán, Paco Sáez, Ramón Bascuas y Xoán Trigo y la ambición del proyecto la apuntaba Tito Díaz el día de la rueda de prensa de puesta de largo: «El objetivo es llegar a la Liga LEB con un equipo formado por gente de Vilagarcía», afirmó el técnico.
La unión se escenificó también en la pista unos meses después. El pabellón Adolfo Pedrido, el templo del liceísmo, acogía el acto de presentación del nuevo club. Música, un cañón de luz para ir enfocando uno a uno a los jugadores y Carlos Guerrero ejerciendo de speaker ante un centenar de aficionados. Habló incluso el entonces presidente de la Fundación de Deportes, Eliseo Barreiro, que dijo sentirse «moi satisfeito» de que la fusión pudiera realizarse.
Eran tiempos felices. De optimismo. Pero las convulsiones no tardaron en llegar. El Tobiauto Liceo tuvo una temporada repleta de polémica y abrió su caja de truenos particular con la marcha una semana antes de que comenzara la Liga de Jorge de María. Llegó Marcos Vázquez para sustituirlo pero este tampoco iba a acabar la campaña. Fue relevado por Jorge Castiñeiras en lo que ya parecía ser un pulso de la directiva del Liceo hacia sus colegas del BBC: el ahora presidente del Xuventude no era, ni mucho menos, de la cuerda de los responsables del Basket Base Club.
Las discrepancias se fueron enquistando cada vez más y en abril José Manuel Pérez Vallejo salió a la palestra para poner voz a lo que ya se sabía. El presidente liceísta hablaba de fracaso a la hora de valorar el acuerdo de colaboración. «No valió para nada», sentenció en declaraciones a La Voz. «Opino que habrá que hablar mucho sobre el tema y estudiar la posibilidad de seguir juntos, porque el único que salió beneficiado fue el BBC», señaló.
Apenas una semana después de esas declaraciones de Pérez Vallejo era José Luis Renda el encargado de dar su versión. «Entendemos que no fue un fracaso», afirmaba el directivo que, sin embargo, adelantaba la idea de su club de limitarlo solamente a las categorías inferiores. Lo cierto es que Tito Díaz había dimitido semanas atrás como coordinador y que el primer equipo del Liceo descendió. Estaba claro que solamente era cuestión de tiempo que el divorcio se hiciera oficial, algo que se plasmó en el mes de junio.
Las razones de la separación variaban según la versión. Para Pérez Vallejo, la fusión con el Casino, la construcción del complejo polideportivo, la diferente manera de entender el deporte y el capítulo de gastos fueron clave. Manolo Vázquez cifraba el coste para cada club en 2.100 euros y afirmaba que a su entender la fusión había sido muy provechosa para los equipos inferiores «con resultados deportivos positivos y acompañados por un ahorro considerable en el aspecto económico», apuntó.
Llegó después el inevitable cruce de declaraciones. Vázquez fue tajante: «Nos hemos encontrado con gente de segunda línea (en el Liceo) que ha torpedeado el convenio desde el primer momento». Mario Barreiro, secretario de Deportes del Liceo, le respondía en una Tribuna Pública: «La finalización del convenio no hay que achacarla a buenos y malos; sería un enfoque muy pobre de la situación».
Vallejo, mientras, quizás daba con la clave. «Cuando tengamos el nuevo complejo deportivo, con más socios y otras metas, a lo mejor podemos intentarlo otra vez». Son palabras de hace diez años, aunque tienen la misma validez que si las hubiera hecho ayer.