La falta de aparición de un relevo a la directiva de Carmen López el pasado mes de enero ha llevado a la «escuela» del cine clásico y alternativo de Vilagarcía al proceso de disolución
05 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La indiferencia de la que tantas veces ha hecho gala la ciudadanía vilagarciana frente a la desaparición de su patrimonio arquitectónico parece haberse extendido a su tesoro inmaterial. Si nadie lo remedia, la capital arousana perderá uno de los más antiguos y reputados cine clubes de Galicia. El mismo que a finales de 1976, en plena restauración de la democracia, regaló al pueblo una escuela única e impagable que, de la mano de hombres como Eduardo Puceiro, Amado Quintela, Lolo Carballo, Avelino Graña, Ángel García o Carlos Puga, acercó a aficionados y curiosos los clásicos del cine y las manofacturas de celuloide elaboradas en los talleres artesanos de medio mundo, vetados unos y otros en las contadas pantallas comerciales de la localidad. Ádega se llamaba el invento, y en cuestión de semanas pasará a pieza de pasado sin futuro cuando la directiva de Carmen López Gómez complete los trámites administrativos para la disolución de la entidad.
Nada habrá que reprocharle a una mujer que en enero del 2005 asumió junto a otros siete socios las riendas de una asociación que vivía con angustia cada final de mandato presidencial ante la ausencia de relevo. Cuatro años después, de tanto tensar, la cuerda se rompió, para descubrir que el que había llegado a ser un colectivo con más de 400 socios no despertaba el interés siquiera de la media docena de afiliados que se acercaron el pasado mes de enero hasta el auditorio de Vilagarcía para proceder a un relevo en la gestión del cine club que no llegó. Pocas más, apenas una docena, son desde hace al menos un par de años las personas que seguían cada jueves las películas proyectadas por Ádega. Lo que el viento pronto se llevará no deja de ser el guión de una historia que bien podría titularse echando mano de la literatura de Márquez y su Crónica de una muerte anunciada .
Se podría decir que el principio del fin del cine club Ádega comenzó a escribirse hace diez años. En el verano de 1999, Vilagarcía disfrutaba de un lujo al alcance de pocos. Su decimosexta Semana de Cine preludiaba un año más las fiestas de San Roque a comienzos de agosto. El descenso del número de espectadores del 98 llevó a los organizadores a reducir a la mitad los ciclos y cintas a exhibir, limitando el certamen a una única sesión con cinco filmes, entre los que figuraban Dioses y Monstruos , con Ian McKellen y Brendan Fraser, o Solas , de Benito Zambrano, premiada en Berlín y triunfadora posteriormente en los Goya. Doce meses después, el entonces presidente de Ádega, el hoy concejal socialista Pepe Membrives, anunciaba la suspensión de la Semana de Cine por la inviabilidad económica de un certamen que había encadenado pérdidas en sus dos últimas ediciones y cuatro años de descenso ininterrumpido de su número de espectadores. Y si bien el cine club intentó mantener el espíritu de la que era su actividad más populosa con dos minicertámenes en septiembre del 2000 y 2001, Vilagarcía se quedó sin su Semana de Cine.
Nunca hubo en ella alfombra roja, premios ni invitados de relumbrón. Desde Ádega tan solo se pretendía expandir su filosofía de acercar al público vilagarciano una muestra del mejor cine nacional e internacional independiente y alternativo del momento, en un mes con gran afluencia de turistas en la localidad y con su programación trimestral aparcada.
Los arousanos en general pudieron disfrutar durante los 32 años de funcionamiento de Ádega de cerca de 2.000 películas, incluidos muchos grandes clásicos. Desde Un paseo por el amor y la muerte , de John Houston, la primera proyección en el recuerdo de Membrives, hasta Cuerno de cabra , del búlgaro Andonov, que, salvo milagro, habrá pasado a convertirse en cuestión de semanas en el canto del cisne del cine club Ádega, salido de una sala del auditorio de Vilagarcía a finales del 2008.
Ni el ahorro de costes derivado de la cesión del local municipal hace dos años, tras lustros de gastos en los Minicines V y los Multicines MGA -Ádega comenzó en el viejo auditorio de Caixa Vigo- han animado a ningún socio a coger la riendas.
En una situación similar dieron el paso en el 2005 Carmen López y otros siete afiliados. «En xaneiro», recuerda la aún presidenta de Ádega, «só estabamos na asemblea a directiva e dous socios máis, cando a xente sabía que o deixabamos, porque varios de nós tiveron que abandonar por traballo. Cando comezamos tiñamos moitas ganas de facer cousas, de recuperar a Semana de Cine, pero vimos que a xente non respostaba. A cada sesión ían dez, quince persoas».
Tras bajar ya hace años del umbral de los cien carnés, y viendo la respuesta de la gente, Carmen López afirma que la inminente desaparición de Ádega «é unha pena. Pero unha pena relativa. Para manter viva a asociación así, é mellor pechar. Non vén ninguén, e non vexo posibilidade de que se recupere».
La presidenta atribuye la muerte lenta de Ádega a las nuevas tecnologías. «Agora se poden ver moitas pelis na casa». De igual opinión es Pepe Membrives, que como el resto de la vieja guardia de la asociación, se ha mantenido fiel al cine club hasta el final. La situación «me produce tristeza, y añoranza de una época muy feliz», dice. Pero entiende que su tiempo y el de su quinta ha pasado para no volver. En Ádega, el rollo de película parece haber llegado a su final.