«Todo o mundo estaba ansioso por ver qué era a democracia». Con esas palabras resume Xoán Antonio Pillado, el primer alcalde de Cambados, la atmósfera de las elecciones municipales de 1979. La campaña electoral había sido un hervidero de ideas y discursos, con mítines que se abarrotaban «de vellos e de nenos». De ciudadanos, en fin, dispuestos a hacer uso de sus recién recuperados derechos. El interés no decayó una vez cumplimentado el ritual de depositar el voto en la urna. En O Grove, la sesión en la que se eligió alcalde a Xaquín Álvarez Corbacho se desarrolló en un salón de plenos abarrotado. La multitud ocupaba también los pasillos del consistorio y se agolpaba hasta la plaza de O Corgo. En cuanto se conoció el nombre del regidor, las bombas de palenque pusieron el broche de oro a una intensa jornada. En Vilanova, la investidura de Sito Vázquez también fue seguida por una multitud. En este caso se daba una circunstancia especial: el alcalde era de A Illa. «E os veciños da Illa levaban moito tempo sen ter poder real, polo que había moita alegría». Pero también eran muchos los ciudadanos del continente que quisieron vivir en directo el acontecimiento. «Eu saín a ombros», recuerda ahora el primer alcalde de la democracia en Vilanova. Hoy en día, que un alcalde recién elegido salga a hombros del Concello resulta impensable. La política ha cambiado mucho, dicen sus protagonistas de entonces. Pero el país, afortunadamente, también lo ha hecho. «Viñamos de 40 anos de dictadura», concluye Sito Vázquez. Que no vuelva.