Tras años esperando, los vecinos advierten de que las tuberías de las aceras en construcción son escasas para protegerles del agua
01 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Lo de Bamio parece extraído de la legendaria tonada sobre el viento: cousa de encantamento. Fue necesario el paso de tres conselleiros distintos por el despacho de Obras Públicas, incluyendo al próximo presidente de la Xunta -Cuíña, Feijoo y María José Caride-, para que los vecinos viesen anunciada en el DOG la construcción de algo tan simple como imprescindible desde que las bujías sustituyeron a los fungueiros del carro del país en pistas y carreteras: unas aceras por las que pasear sin ser atropellado.
Tras años de espera y peligro a la orilla del asfalto, la consellería licitó por fin las ansiadas aceras en julio pasado, junto a las de Solobeira y Cornazo. Aunque, bien es verdad, las obras no comenzaron hasta hace unas pocas semanas. Pero un retraso de algunos meses después de lustros de vacío no constituye ningún problema. Sí lo es, en cambio, constatar que la urbanización asociada a la construcción de las beirarrúas puede desembocar en una chapuza.
Dos vecinos del lugar de Pedroso se asoman a las zanjas que está abriendo la compañía Covsa para lanzar una advertencia: «Estes tubos que están metendo para canalizar a auga apenas teñen 30 centímetros de diámetro, valen para a baixante dun edificio, pero non para coller toda a auga de escorrentía que baixa do Xiabre e pasa por aquí».
Hace semanas que no llueve en condiciones, pero un regato cruza las fincas repleto. El río de A Braña, cuyo simple nombre es harto revelador, discurre no menos caudaloso entre viviendas y maleza. Cuando el mal tiempo apretó a fondo el acelerador, en el 2006, el agua se comió la carretera y se llevó todo por delante en esta zona. Los afectados no ven de recibo que ahora se hagan las cosas mal. «Logo -razonan- non terá remedio».