Siete mil kilómetros de jaques

AROUSA

Hacía treinta años que Luis, padre, no jugaba al ajedrez, hasta que Luis, hijo, le pidió un día que le enseñara. Lo hizo y poco después ambos acabaron en el Fontecarmoa

22 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Con solo doce años, Luis Segura, hijo, es capaz de pasarse cuatro horas delante de un tablero de ajedrez para ganar a cualquiera que se le ponga por delante. Esa paciencia, inusual a tan tierna edad, es una de las características de su juego que más asombran a su padre. Luis, el progenitor, no se podía imaginar hace cuatro años, cuando se presentó en Vilagarcía para anotar a su hijo en el Xadrez Fontecarmoa, que el año pasado se iba a hacer más de siete mil kilómetros en coche para acudir con el chaval a los distintos torneos, entre ellos todo un campeonato de Europa. Pero así fue. Y el cuentakilómetros todavía no ha comenzado a funcionar con Jorge, el más pequeño, pero cuando lo haga todo parece indicar que el camino será parecido al recorrido por el hermano.

Todo empezó en la biblioteca del colegio Abrente. Allí estudia Luis y allí fue donde vio a unos chicos, mayores que él, jugar al ajedrez. Llegó a casa y le pidió a su padre que le enseñara. Luis padre había hecho sus pinitos en el Mercantil de Pontevedra también de chaval y guardaba un tablero con las fichas en casa así que le enseñó los movimientos básicos «el jaque pastor y poco más», afirma. Esas pequeñas nociones y el talento natural bastaron al chaval para plantarse en la biblioteca y comenzar a ganar a los rapaces que por allí nadaban. Y para llegar a la final en un torneo que se celebró en el colegio.

Luis, hijo, apuntaba maneras así que el padre comenzó a buscar un club para que el niño siguiera progresando. Y le hablaron del Fontecarmoa. Se presentó en Vilagarcía y habló con Roberto Vidal y con Ángel Vilas, que le abrieron las puertas sin problema. Pero había un inconveniente: las clases de iniciación eran los martes y miércoles en un horario en el que Luis no podía estar. Solo pedía venir los sábados, a las de perfeccionamiento. «Me dijeron que los sábados le iban a sacudir mucho, pero yo insistí y lo que más le llamó la atención al principio era la calma que tenía para jugar», recuerda. Al tercer sábado ya le hizo tablas a Lucas Abal, uno de los mejores jugadores de Galicia, y claro, ahí ya comenzó a llamar la atención de todos en el club. Y a ganar trofeos, tantos que las vitrinas están llenas

El ajedrez está en la vida de los Segura, pero no la absorbe. «Saben que tienen que hacer más cosas que jugar al ajedrez, tienen que estudiar y que jugar», apunta el padre. «Le dedica la hora y media de los viernes, la partida de los sábados y poco más. Algún momento perdido que aprovecha para mirar algo por Internet, pero si estamos en casa juega a cualquier cosa antes que al ajedrez», explica.

Mientras conversamos con el progenitor, los dos niños están jugando al ajedrez en la mesa de al lado. «Son distintos -explica el padre- Jorge es más impulsivo jugando, acaba más rápido». Jorge todavía no gana al padre, pero Luis está ya a otro nivel. «Si jugáramos diez partidos igual conseguiría hacerle tablas en una», reconoce.

¿Y cómo llevan los rivales que un chaval al que apenas se le ve por encima de la mesa les gane? «Pues hay de todo. Te encuentras muy buenas personas y otros que tienen muy mal perder. Hubo más de uno que se marchó sin darle la mano».