Hay palabras que regresan inevitablemente al discurso político. Sobre todo por parte de quienes advierten en esta crisis salvaje que nos devuelve el pelotazo a la cara un riesgo cierto de desintegración social. El coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara, es una de esas voces. Y ayer habló en Vilagarcía, dando escolta a su cabeza de lista por Pontevedra. Juan Fajardo apostó fuerte y se fue a por la plaza de A Peixería. El órdago le permitió duplicar el aforo habitual de IU y concentrar a alrededor de 200 personas en un recinto, eso sí, reducido para la ocasión a la mitad de su capacidad total.
A Lara no le importó bromear con su nombre, y cerró su intervención prometiendo «dar el cayo» y «romperse el pecho» en el empeño de protagonizar un giro radical en la forma de abordar la gestión pública en este país. Esas palabras que retornan forman parte del patrimonio histórico de la izquierda, «valores», «solidaridad», «principios heredados de nuestros abuelos». Y también «huelga general». Una huelga en la que los sindicatos -«si así lo quieren, porque tampoco estamos por dar lecciones a nadie», matizó el coordinador general- tendrán a su lado a IU.
No es muy común en este tipo de citas, cada vez más centradas en la logística, escuchar planteamientos concretos, con explicación pormenorizada de las vías económicas necesarias para ponerlos en marcha. Cayo Lara sí lo hizo. Anunció una inminente iniciativa de IU para crear 1.900.000 puestos de trabajo en tres años. Costará 61.000 millones de euros a destinar a créditos sin intereses durante 5 años para las pymes, renta básica para las familias sin ingresos, un plan de obra pública importante y la creación de empleo público en el área de servicios sociales. ¿De dónde saldrán los cuartos? «Del bolsillo de los ricos, que son quienes lo tienen», contestó Lara antes de referir sus propuestas en materia fiscal.
Fajardo fustigó al PP de Carrera, las Islas Caimán y la «presunta corrupción», dijo con retranca. Pero también al BNG «privatizador de servizos, do vento e navegante con construtores» y a un PSOE «derrochador e continuísta». A ambos los culpó de abrazarse en el «Goberno da marmota» y «defraudar a ilusión deste país». IU, concluyó, es imprescindible en Santiago.