La globalización está ejemplificada en una joven gallega residente en Dubai. Marta Martínez es profesora de español y de francés en un colegio británico de la capital de los Emiratos Árabes. Su marido es surcoreano, con el que se comunica principalmente en inglés y cuando escribe a su tierra lo hace en gallego. Nacida hace 31 años en Aios, «un pueblo precioso» perteneciente al ayuntamiento pontevedrés de Sanxenxo, Marta ya está acostumbrada a estar fuera de su tierra. Tras estudiar Filología Hispánica en Santiago, se trasladó un año a Londres para perfeccionar el inglés. Después, cambió Reino Unido por Francia y trabajó en Perpignan como asistente de español. Regresó a la capital británica para hacer un curso de posgrado en Educación de la Universidad de Middlesex, tras el cual trabajó de profesora de español y de francés en un instituto público londinense. Salto a los Emiratos Árabes. El salto a los Emiratos Árabes empezó a rondar por su cabeza hace dos años, cuando su entonces pareja Ildo se trasladó a Dubai. Después de casarse, Marta decidió seguirle y probar suerte en el continente asiático. Ahora, trabaja allí, en un colegio internacional británico. Enseña francés y español a niños de todas las nacionalidades, aunque el plan de estudios es británico. A pesar de estar en una ciudad donde conviven personas de muchas nacionalidades, Marta no conoce a ningún español, mucho menos gallegos, allí. «La única persona de habla hispana que he conocido ha sido la auxiliar de español de mi colegio, que es colombiana». Reconoce que le encantaría contactar con españoles o gallegos, «¡echo de menos las tardes de cafés y cotilleos!» También estima la lluvia y el frío de su tierra, aunque el buen tiempo le permiten aprovechar el sol y la playa los fines de semana. Como cualquier emigrante, le gustaría tener más cerca de su familia, y agradece poder acceder a Intenet. «Estoy todos los días conectada y hablo a menudo con ellos». Dos años más. Su estancia en Dubai puede alargarse un par de años más; después Ildo y ella intentarán volver y trabajar en España. Su experiencia actual es una buena oportunidad profesional, pero «ahora no es como en Londres o Perpignan, que podía coger un avión y visitar a la familia a menudo». Hace una semana, Marta e Ildo coincidieron en una feria internacional con un matrimonio senegalés residente en Sevilla, que les saludaron con cariño al escucharles alguna expresión en español. Hace más tiempo, en Londres, se encontró por casualidad con una amiga de la Universidad de Santiago en el mercado de Camdem. A pesar de las distancias, éstas y otras experiencias le demuestran cada día lo pequeño que al final resulta ser el mundo.
Lejos, aunque un poco más cerca que Marta, están los militares españoles desplazados en Kosovo, que siguen dando muestra de su buen hacer. Hace unas semanas, los medios del país daban cuenta del éxito de los médicos valencianos que lograron recuperar a un niño de dos años de un estado de extrema gravedad. Hace unos días, los padres de otro pequeño de la misma edad, llamado Ardit Zogaj, pidieron ayuda a los médicos españoles de las fuerzas de la ONU desplazadas en Istok, lugar donde también están las tropas de la Brilat. Los facultativos acudieron a la casa del niño, en Kalican, donde comprobaron, que se encontraba en una delicada situación debido a una dolencia cardíaca. Desde Madrid, los médicos del Hospital Gómez Ulla dirigieron a sus compañeros desplazados, por medio de videoconferencia, y estos consiguieron sacar al niño de esa delicada situación. Ahora, Ardit ya está fuera de peligro, y tan solo le queda una pequeña distensión, que según los médicos no implica riesgo para su desarrollo normal.