«Os do Grove somos moi unidos, as inxustizas non van con nós»

La Voz VILAGARCÍA |

AROUSA

Manolo Iglesias toreó en las dos plazas más importantes de O Grove: el Concello y la cofradía. Hoy sigue la faena desde la barrera, prejubilado y con buen humor

10 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Bea Costa Manolo «o fillo de Paquito pesca na pedra» ha tocado casi todos los palos de la vida pública en O Grove. Catorce años como vicepatrón mayor de la cofradía haciendo equipo con Paco Iglesias, más de dos décadas en la primera línea política bajo las siglas de Esquerda Unida -faceta que le situó como concejal de Mar en el gobierno tripartito liderado por Galiñanes (1995-1999)- y nueve años como directivo del club Mecos hacen de este marinero retirado uno de los testigos de excepción de la historia reciente de su municipio. Manuel Iglesias es de los que han vivido muchas historias, saben contarlas y disfrutan haciéndolo, por eso un café no alcanza para caldear este chequeo de urgencia a su pasado, su presente y su futuro.

«¿Que queres que che conte?», arranca la conversación. Y como no se trata de una entrevista al uso, no hay más que preguntarle por sus primeros escarceos con la política para que surja un relato preñado de vivencias. Que Manolo Iglesias es marinero lo sabe todo el mundo, pero son menos los que conocen que estuvo embarcado en los años setenta en buques alemanes y noruegos y que fue en ellos donde afloró su vena reivindicativa en calidad de delegado de a bordo. En 1978 empezó en Comisións Mariñeiras y un año después se afiliaba al Partido Comunista.

Aun sin Franco, ser de izquierdas en aquellos años todavía entrañaba muchos problemas sobre todo la noche del 23 de febrero del 1981, cuando Tejero sobresaltó a todo el país «e no Grove houbo moitos que non durmimos», recuerda.

Aquello le dio más motivos para seguir en la brecha y en 1983 se presentó por primera vez a unas elecciones municipales. Ya no se apearía de este caballo. Con Esquerda Unida acudió a todas las convocatorias municipales y en 1995 logró el acta de concejal. Fueron tiempos de una gran actividad por sus responsabilidades en el Concello y la cofradía en los que, subraya, se hicieron gestiones importantes que fructificarían después con la reforma del puerto inaugurada en el año 2000 y la construcción de los paseos de Lordelo y Porto Meloxo. «Sobre todo, síntome orgulloso das infraestruturas que se conseguiron para O Grove», señala.

«Estou satisfeito»

Y es que, aunque los cargos públicos son fuente de muchos sinsabores, Manolo Iglesias es de los que hace un balance positivo de la experiencia. «No persoal, a política ou a vida pública pode ser ingrata, pero no profesional é necesaria. É confortable facer cousas polo teu pobo, no mar e en terra. Eu estou satisfeito do que se ten feito, aínda que non o recoñezan», indica.

Iglesias aprovecha la ocasión para rendir su particular homenaje a quienes le acompañaron en sus responsabilidades públicas y, especialmente, a sus familias. «Agradezo a moitas persoas que compartiron comigo todos estes momentos pola súa valentía e, sobre todo, das súas familias, que nos aguantaron a nós».

En los efervescentes años noventa, entre la cofradía, el Concello y el partido, «non paraba na casa». Hoy, su vida va a otro ritmo y en su horizonte ha borrado toda posibilidad de volver a la primera línea. «Eu loitarei sempre polas miñas ideas e porei o meu grao de area no partido, pero de volver, nada».

Le preguntamos por la ideología: ¿es la misma de entonces o cambió desde 1979?. «A sensibilidade segue sendo a mesma, pero a realidade é diferente», indica. Hoy, Iglesias ya no milita en el PC pero no duda de que «hai razóns suficientes para que a esquerda siga existindo».

Comprometido sí, pero Manolo ve ahora las cosas con el sosiego que dan la experiencia y los años. Desde el 2004 no va al mar. «Prexubileime, desguazaronme o barco e agora estou en trámites para que me dean a xubilación», explica sin darle mayor dramatismo al asunto. Y en esta espera dedica su tiempo a pasear por el muelle -aunque ultimamente tiene abandonada la bicicleta-, a darse una vuelta por la lonja, ayudar a su hijo con los aparejos, a pulsar el día a día conversando con los amigos y se apunta a cuantas excursiones puede de la mano de su mujer Suca.

Afirma que ya no sigue tanto como antes la actualidad local, pero el gusanillo le hace estar muy pendiente de lo que se cuece, también, más allá del muelle. Del gobierno local -del que forma parte su compañero de filas Xan Lamelas- prefiere no hablar demasiado. Vaticina que el cuatripartito aguantará todo el mandato aunque «a tragos». «Nós cando firmarmos un pacto, o cumprimos ata o final», puntualiza.

«Din que os do Grove sodes distintos ¿verdade ou mito?», indagamos. «Os do Grove somos mecos, cando nos tocan a fibra somos moi unidos. Entre nós podémonos levar mal, pero nós somos nós. ¿Non sabes o da lenda do Meco? Pois iso, as inxustizas non van con nós».