Las guardianas de los sueños

AROUSA

Desde su despacho de lotería de la Plaza de Galicia, las protagonistas de nuestra historia reparten centenares de premios y, sobre todo, toneladas de ilusión

07 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Si hay alguien en el mundo capaz de vender ilusión, esa es María del Carmen Cuevas. Aunque aún se emociona al recordar que un golpe de la vida le arrebató a su marido hace ya muchos años, esta mujer desprende energía y optimismo. «Mi madre es de las que hace una fiesta por cualquier cosa», reconoce Fernanda, su hija mayor. Ella es menos bulliciosa, sí, pero de sonrisa cálida y carácter firme. Ambas han compartido muchos años al frente de la administración de lotería número 1 de Vilagarcía, la que se abre a la Plaza de Galicia. El lugar en el que este año, «seguro, damos el gordo».

La que habla con esa seguridad del sorteo del día 22 es la madre. «Yo todos los años estoy ilusionadísima, y convencida de que vamos a repartir buenos premios», dice sin parar de mover las manos, acompañando su voz con el tintineo de sus pulseras. Cuando llega el día de la Lotería de Navidad se levanta temprano y se sienta en el sillón de su casa, frente a la tele, «con todos los boletos y participaciones bien colocadita en la mesa, para ir mirando». «Cuando repartimos el tercer premio, me enteré yo antes que mi hija que ya estaba aquí», recuerda señalando el despacho de la suerte.

Aquel día hubo fiesta en la administración. Madre e hija están deseosas de volver a descorchar el champán. «Que sí, que este año damos buenos premios», insiste María del Carmen. Fernanda la escucha y sonríe. «Yo me lo tomo todo con más calma, pero también me encanta repartir premios», explica. Ella es la que está ahora al frente del negocio, porque su madre afirma que ha llegado la hora de disfrutar de la vida, de las partidas de chinchón y de las caminatas por la ruta del colesterol. Detrás de la ventanilla, Fernanda se siente como una «vendedora de ilusión». «Muchas veces, cuando estoy cerrando, al coger la papelera y ver todos los boletos rotos pienso: cuántos sueños rotos hay aquí».

Pero entre todas esas esperanzas hechas añicos brillan los premios entregados. Y a veces los que más brillan no son los más suculentos. «Hace unos días una señora se puso loca de felicidad porque le habían tocado 74 euros. Parecía que le había tocado un millón. Y a los pocos días vino otra a la que le habían tocado 2.800 euros y se quedó como si tal cosa, como una planta. Nunca había visto a una persona tan fría», recuerda Fernanda.

Aunque la canción dice que veinte años no es nada, veintiuno al frente de un despacho de lotería dan para mucho. Para repartir premios millonarios y para resolver dudas. Como la de un chiquillo que, tras oír que en la administración habían dado un premio de 144 millones de pesetas, se plantó ante las loteras y les dijo: «¿Es verdad que por un euro dais todos esos millones?». «Como aún no había aparecido el ganador, pensamos que era el niño, pero no», recuerdan tanto el palo como la astilla.

Entre ellas se ha ido tejiendo, al paso de los años, una relación especial. «Fernanda, al ser la mayor, fue mi sostén cuando murió mi marido», cuenta María del Carmen. Trabajando codo con codo han rivalizado por entregar los mejores premios. «Una vez que ella se iba de viaje yo me dije: ojalá entregue ahora un buen premio. Y di el de los 144 millones», cuenta la madre. «Sí, pero el boleto lo sellé yo antes de marcharme», le replica la hija con una sonrisa. Luego se da la vuelta y entra en el pequeño despacho desde el que atiende al público: en apenas unos instantes se ha formado una larga cola ante la ventanilla. Pero eso no es nada. Entre el día del sorteo de Navidad y el 15 de enero «las colas sí que son grandes», y el ir y venir de personas que buscan la suerte es imparable. ¿Y donde está la suerte? Los vilagarcianos, explica Fernanda, la suelen buscar en el 13 y en el 69. Y también en el número 8 de la Plaza de Galicia, donde están estas dos guardianas de sueños.