El camino se hace al andar. Por eso, el día que Ángela Otero se convirtió en responsable de la biblioteca de A Illa se calzó unas botas de siete leguas y comenzó a dar pasos y más pasos. Su viaje arrancó en las decrépitas instalaciones de la vieja sala de lectura de la Avenida Castelao y continúa ahora en una sala luminosa en la calle Marqués de Bradomín. Al principio de su ruta, soñaba actividades con las que hacer que los niños se acercasen a los libros. A estas alturas del camino -el final está aún lejos- ya ha demostrado que es capaz de convertir el templo de los libros en un punto de referencia para los chavales isleños.
Con el dinero justo regado con importantes dosis de ilusión y esfuerzo, esta mujer risueña ha logrado convertirse en la bibliotecaria más conocida de la comarca y, desde esta misma semana, en una de las mejores de toda España. ¿Exageración? No. El Ministerio de Cultura, que en los últimos cuatro años ha premiado proyectos de fomento de la lectura desarrollados por esta isleña, ha decidido que ha llegado la hora de premiar el trabajo que esta mujer está desarrollando en ese pedacito de tierra que emerge de la ría de Arousa.
Este premio María Moliner de animación a la lectura ha logrado emocionar a la bibliotecaria. «No me lo acabo de creer», repite una y otra vez. Pero no le va a quedar más remedio que asumir el galardón: el Ministerio de Cultura le mandará como recompensa otros 200 volúmenes de literatura infantil y juvenil. Es en ese campo, en el de los niños, en el que ha conseguido Ángela Otero sus mayores triunfos. Pero no los únicos: cada rato de conversación con los ancianos que se han ido aficionando a acudir a la biblioteca supone también un motivo de satisfacción para esta bibliotecaria a la que le encanta hablar y moverse. «Hay que moverse, hay que moverse», repite una y otra vez. Hay que moverse y acercarse al colegio para implicar a los niños en las actividades de la biblioteca municipal . Hay que moverse y volver al instituto para seducir a los adolescentes para que cojan en sus manos un libro. Hay que moverse, disfrazarse, cantar y poner el cerebro en marcha para lograr que las letras no sean una sucesión de marcas negras sobre fondo blanco, si no unas aliadas magníficas para combatir el aburrimiento.
Tras conseguir este premio, Ángela Otero seguirá en movimiento. Y seguirá arrastrando tras ella a nuevas generaciones de lectores. A ellos, a los lectores, les dedica la bibliotecaria el galardón que acaba de recibir. «Os rapaces sempre se volcaron moito con todas as actividades que programei», dice. «Se eu programase pero os rapaces non viñeran, non serviría de gran cousa», dice. Pero los chavales acuden a su llamada por una razón fundamental: la diversión -inteligente- está garantizada.