Permanentemente discutido, el técnico del Arousa ha conseguido callar las muchas voces discrepantes a base de juntar a buenos jugadores alrededor del esférico
04 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.En el minuto 93 del partido contra el Montañeros, y con el resultado ya decantado a favor de su equipo, Juan Laxes prácticamente corría por la banda. Daba órdenes y casi gritaba, en una actitud poco habitual en el entrenador del Arousa. Probablemente era su manera de soltar la tensión. Y no solo la producida por el encuentro que estaba a punto de finalizar, sino la acumulada durante muchos meses en los que el entrenador ha sido permanentemente discutido. Tanto por algún sector de la cátedra de A Lomba como por el palco. Pero el domingo fue la prueba definitiva de que el estilo Laxes ha calado. El cuadro arlequinado sacó del campo al Montañeros, que llegaba de líder, en una primera media hora primorosa y en una segunda parte menos brillante en su conjunto pero que tuvo momentos en los que los locales bailaron al cuadro coruñés.
El último gol fue el colofón perfecto. Por la belleza del tanto, prácticamente de fútbol sala en su finalización, y por la simbología de su autor: un Carlos Padín al que Laxes ha defendido a capa y espada ante alguna crítica exagerada que recibió el catoirense cuando las cosas no iban tan bien. Padín se pegó un esprint de cincuenta metros en el minuto 94 y solventó el envite ante el portero con la clase habitual. No estuvo nada mal para un jugador del que algunos dicen que no está bien físicamente y que no trabaja sobre el terreno de juego.
La defensa pública de Padín siempre que la situación lo requirió es un ejemplo del estilo Laxes. El técnico siempre ha protegido a sus jugadores, a los que defiende incluso cuando recibe algún desplante por su parte, y esto le ha proporcionado un apoyo indudable de los pesos pesados del vestuario, algo que fue trascendental para que, por ejemplo, la junta directiva diera marcha atrás hace un año cuando la decisión de cesar al técnico estaba prácticamente tomada.
Doce meses después, la idea del fútbol que destila Laxes ya no admite discusión en A Lomba. De hecho, parece el mejor apoyo para que las gradas del campo vuelvan a adquirir un buen tono. Las dos últimas comparecencias ante sus seguidores se saldaron con sendas goleadas (4-1 al Bouzas y 4-2 al Montañeros) y con la sensación de que el equipo está sobrado en muchos momentos de los encuentros. Tratando siempre con buen tino el balón y asumiendo riesgos importantes, como cuando en el partido ante el Montañeros Laxes colocó a la defensa muy adelantada para quitar el balón cuando antes al rival.
Ahora que las cosas van relativamente bien, con el equipo jugando bonito y situado cómodamente en la zona de espera a la parte noble de la clasificación, habrá que comprobar cuál es la reacción del entorno. Probablemente, y si las cosas siguen por el mismo camino -no se atisban demasiados inconvenientes para que no sea así-, surgirán las primeras voces elevando el listón de exigencia. Convendrá entonces recordar que la del Arousa es una de las plantillas más justas de la categoría -un vistazo a la lista de convocados del pasado domingo corrobora esta sensación- y que el fantasma de los problemas económicos puede saltar en cualquier momento en un club que vivió una huelga de jugadores hace apenas cinco meses.
Probablemente no será el técnico el que salga a la palestra para recordar todo esto. Las quejas y los lamentos no entran en el estilo Laxes y quizás ese será uno de los problemas cuando las cosas vengan mal dadas. Hasta entonces toca disfrutar del juego de un equipo que vuelve a ilusionar y que ha conseguido que ir los domingos al fútbol ya no sea una religión sino una convicción.